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A DOS VOCES: Lanata desde la tribuna
Uno es la estrella del show político de televisión más exitoso desde los tiempos de mayor repercusión de Bernardo Neustadt, hace dos décadas. El uruguayo, dueño de una voz potente, quemó las naves cuando vio aproximarse la ley de Medios y agita las mañanas radiales. Sus miradas contrapuestas sobre la puja entre Clarín y el Gobierno los arrojaron a las antípodas. Un cronista de VIERNES visitó ambas trincheras. Así lo cuenta.

Entra al estudio Martín Bilyk, el imitador de Aníbal Fernández, disfrazado de boxeador. Tiene falsos auspicios de CN23 y Tiempo Argentino, la llamada "prensa oficialista". El público lo recibe con aplausos, pero Bilyk todavía no está metido en el personaje: ensaya junto a dos productores cómo entrar al ring de fantasía que prepararon para su sketch. Mientras tanto, otros empleados del canal acercan una gigantografía de Macri al estudio. Tal vez aparezca un informe contra el jefe del PRO. Pero no, sólo está ahí de punching-ball del senador del Frente para la Victoria.
Los críticos de Lanata yerran el tiro cuando buscan deslegitimar a su público por cómo se viste. Lejos de ser motivo de culpa, los patrones de consumo de este ABC1 multigeneracional son un lugar de resistencia, una oposición simbólica a las políticas económicas encaradas por el kirchnerismo. ¿Cómo decodificar la presencia de esos sweaters Tommy Hilfiger sin tener en cuenta que también están ahí para decir "tomá, esquivamos las trabas de Moreno"?
La imagen del exdirector de Crítica en su camarín se proyecta sobre el fondo del estudio vacío. Antes de salir al aire, este hombre de 52 años y barba canosa se limita a mirar fijo a la cámara, como quien desafía a un contrincante. Lo que en realidad espera, durante eternos diez minutos televisivos, es que Listorti cierre su concurso musical. Se sienta. Enciende el segundo Benson. Finalmente, la indicación en off. Diez segundos. Cinco, cuatro, tres, dos. Aire.
"Éste es mi camarín. Es un quilombo, estuvieron tratando de ordenarlo", fantasea. Su decisión de no abrir desde el estudio es una ruptura estilística. "Quería decirte algo muy importante", revela a sus televidentes. La idea de tutearlos así en un momento de supuesta solemnidad no hace más que dejar en evidencia lo artificial del recurso. "Quería hablarte del 7D".
El 7D es el 7 de diciembre, fecha en la que -según la Corte Suprema- finaliza la medida cautelar que el Grupo Clarín presentó para quedar exceptuada de la acción de la Ley de Medios Audiovisuales, norma que el propio Lanata había apoyado en 2009 desde su programa en Canal 26. El monólogo sigue y la tribuna escucha atenta comparaciones con las políticas encaradas por la Venezuela de Hugo Chávez.
A la vuelta del corte aparecen los primeros "fuck you". A esta altura son conocidos. Se trata de una sucesión de fotografías en las que distintas personas muestran el dedo mayor, acaso la contracara de los saludos y los dedos en V que practican los seguidores de "6,7,8". Hay algo lúdico en estas imágenes, sobre todo en los "fuck you". ¿Están dirigidos a Cristina? Sea como fuere, queda claro que la versión 2012 de este insulto no presenta la bronca moderna del "que se vayan todos". Es, antes que nada, una especie de saludo que se sirve con una canción de Lily Allen. Irónico, posmoderno. Cínico, tal vez.
La parte "fuerte" del programa, que periodistas y amigos se encargan de vender a lo largo de la semana, son los informes. Una de esas notas incluye partes de una entrevista al intendente de Lanús, Darío Díaz Pérez. El programa acusa al jefe comunal de habilitar un emprendimiento privado sobre un predio que funcionó como centro clandestino de detención. Años atrás, en un famoso monólogo, el exdirector de Página/12 se había declarado "harto" de que el Gobierno hablara tanto de la última dictadura ("algo que pasó hace treinta y cuatro años").
Durante la pausa, el conductor recibe un llamado. Habla sentado en su escritorio, a media luz. Prende otro cigarrillo. Se saca los anteojos, lo maquillan, toma nota de algo que le cuentan. A la vuelta del corte anuncia, satisfecho, que Díaz Pérez está "desesperado" escribiendo tuits en su cuenta para desmentir el informe de hace un momento. La periodista que hizo la nota intenta aclarar cómo se procesó esa información. "Otra cosa que me parece importante, en pos de la edición...", comienza a decir. "No tenemos nada, no tenemos nada. Tenemos que cerrar", la interrumpe Lanata. La cronista sale de plano y las cámaras vuelven al conductor estrella, quien consigue treinta segundos para vender el show del próximo domingo, en el que estará "de compras con Cristina por la Quinta Avenida". Suena la canción de la película "Slumdog millionaire". Es el final.
Minutos antes, tras un chiste sobre la estética de sus cronistas, Lanata le había preguntando a la periodista en torno burlón. "¿Vos pensabas que eras periodista política?". "Periodista, quizás", respondió ella, con una sonrisa tímida. Lanata negó con la cabeza. "No, no. Estás en televisión".


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