30 de diciembre 2008 - 00:00

A recaudar en nombre de Kirchner

En realidad, el cargo en la AFIP lo debió asumir Ricardo Echegaray hace casi un año, cuando estalló la pelea que tenía mientras era administrador de Aduanas con el titular de la AFIP Alberto Abad por cómo debía reemplazarse el Sistema María de control del comercio exterior, una herencia de la década de los años 80.
Néstor Kirchner quiso imponerlo como reemplazante de Abad, pero ya había estallado la guerra del campo y le pareció mejor que asumiera en la ONCCA, oficina que había descubierto el Gobierno que trabajaba en favor de algunos productores que, además, tenían cargos en el Senado ganados en listas kirchneristas.
Ahora, deja la oficina en la cual debió soportar la peor derrota política del Gobierno para convertirse en el recaudador de los tiempos difíciles. «Vos, ni Montoya, que es muy agresivo, ni Alberto (Abad), que recaudaba impuestos por internet», es la orden de estilo que trae Echegaray de El Calafate. La recibió durante el fin de semana, pero no le sorprendió porque el esquema lo había conversado desde que salió Alberto Fernández del gabinete. A partir de ese momento, Claudio Moroni -hasta ayer titular de la AFIP- entró en emergencia mes a mes por la desaceleración de la recaudación, que el Gobierno prevé que caiga aún más el año que viene como efecto de la crisis financiera internacional.
Muestra
Si faltasen testimonios del Gobierno teledirigido, el reemplazo de Moroni por Echegaray es la muestra más clara de cómo administra Kirchner desde el living de su casa. El despido de uno de los últimos agentes de Alberto Fernández en la grilla es además una jugada cargada de significado político. La resolvió el matrimonio hace dos semanas, lo cerraron los Kirchner con Echegaray este fin de semana en El Calafate (donde el ex presidente prolonga en estas horas su descanso) y lo formalizó Cristina ayer en un breve encuentro con Echegaray en Casa de Gobierno. Tiene un propósito claro: poner a un pingüino con ADN kirchnerista que, además, puede lucir como pocos capacidad técnica para la tarea que le confiaron. Adonde va, Echegaray muestra sus diplomas de Comercio Internacional de la Universidad de Barcelona y el de «Fiscalidad Interna» que recibió del Instituto de Estudios Fiscales de España. Pesa más que esos papeles que, cuando muestre los dientes frente a empresarios y público evasor, evoque las mejores fintas de, digamos, un Guillermo Moreno. Se recaudará de aquí en adelante en nombre de Néstor Kirchner, no del Estado argentino.
La segunda señal es la que recibirá el campo al enterarse de que el fatídico Sr. Echegaray deja la ONCCA, oficina que regula las exportaciones agropecuarias y a la que los dirigentes culpan de su malandanza. Para ellos, es una oportunidad y un gesto de debilidad del Gobierno que querrá recubrir de necesidad porque Echegaray será más útil como recaudador. También lo festejarán aunque el segundo de Echegaray, el contador Emilio Eyras (a quien en la ONCCA llaman afectuosamente «Obama» por su parecido con el nuevo presidente de los EE.UU.), promete seguir siendo el martillo de la gente del campo. Es un funcionario del Ministerio de Economía que se identificó mucho con la gestión de Miguel Peirano. De ahí lo sacó Echegaray para hacer la purga que terminó con los funcionarios que acumulaban rentas para un legislador amigo del Gobierno (¿se animará algún kirchnerista a hacer una denuncia penal sobre este asunto que sigue tapado). «Es como si siguiera yo», les explicó anoche Echegaray a quienes trabajan en la ONCCA. «Ése ha sido el sistema mío siempre, queda el segundo. Cuando dejé Aduanas -les explicó-, dejé a Silvina Tirabassi, que era mi segunda. En la DGI voy a dejar al actual segundo de Moroni, Rubén Tinirelli».
El resto del equipo que acompañará a Echegaray, ya avisó, será un grupo de ex compañeros de estudios mientras estaban en España que hoy están en algunos ministerios y en la actividad privada, que saldrán a recaudar como, según Kirchner, nunca se ha recaudado antes.
¿Y Moroni?, se preguntaba ayer en el Gobierno. Tiene un puesto asegurado en una superintendencia de las tantas que tiene el Estado y donde se producirá la siguiente vacante del gabinete. Será en las próximas horas.

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