27 de julio 2011 - 00:00

Abogado del neonazi noruego apuesta a la inimputabilidad

Geir Lippestad, abogado de Anders Behring Breivik, indicó que su defendido no responde a parámetros normales. Frente a la isla de Utoya, una mujer enciende una vela en honor a las víctimas.
Geir Lippestad, abogado de Anders Behring Breivik, indicó que su defendido no responde a parámetros normales. Frente a la isla de Utoya, una mujer enciende una vela en honor a las víctimas.
Oslo - La estrategia legal de la defensa es lograr la inimputabilidad. El abogado de Anders Behring Breivik, el autor del doble atentado de Noruega que dejó 76 muertos, sugirió ayer que su defendido «está loco» y que vive en un mundo paralelo, mientras las autoridades estudian encausarlo por «crímenes contra la humanidad», penados con hasta 30 años de cárcel.

La declaración del defensor del terrorista, Geir Lippestad, pareció apuntar a una estrategia para que se declare la inimputabilidad de aquél, aunque el propio letrado matizó sus dichos al afirmar que «todavía es demasiado pronto» para hacer una valoración definitiva. Según él, hay que esperar el resultado de los exámenes psicológicos que realizarán en los próximos días al menos dos especialistas.

La polémica quedó instalada. Un destacado psiquiatra forense y asesor de la Policía dijo, consultado por la prensa noruega, que es improbable que Breivik sea diagnosticado como psicótico y por lo tanto no responsable de sus actos. «Había planeado su crimen y en ese sentido no estaba alterado por ideas alucinatorias o psicóticas; eso llevaba en marcha mucho tiempo», estimó Yngve Ystad, consultor de psiquiatría forense en el Hospital de la Universidad de Oslo.

«Todo el caso apunta a que está loco», contestó ayer de forma escueta y algo tensa Lippestad en un encuentro con los medios, en el que relató públicamente los primeros contactos con el ultraderechista e islamófobo.

Por su parte, las investigaciones prosiguieron su curso y la Policía reveló por la tarde la filiación de las primeras víctimas mortales confirmadas.

El abogado agregó que Breivik se ve a sí mismo «como un guerrero» y cree que está en «estado de guerra», por lo que siente justificadas sus acciones, que ve como «necesarias», aunque «Occidente no las entienda» en la actualidad.

«Espera que esto (el doble atentado) desencadene la guerra, una revolución en Occidente», indicó después de señalar que Breivik había consumido «drogas» antes de la tragedia.

Asimismo, el abogado reiteró que su defendido afirma que su organización cuenta con «dos células» en Noruega y varias más en otros países, algo que la Policía sigue investigando.

Lippestad asintió al ser interrogado sobre si su cliente espera que sus células prosigan su trabajo.

«Odia a cualquier persona que no sea un extremista. Odia a cualquiera que sea demócrata y que defienda los valores democráticos», subrayó el abogado. «No lo puedo describir. Él no es como ninguno de nosotros», dijo.

Sin embargo, lo retrató como una persona con una «visión de la realidad muy rara» y «muy difícil de explicar», alguien «muy frío», que vive en «una burbuja», y que habla en exceso de su «manifiesto», el documento de 1.500 páginas con sus pensamientos que difundió en internet horas antes de los atentados.

Mientras, el fiscal Christian Hatlo estudia la posibilidad de imputar a Breivik «crímenes contra la humanidad». En ese caso, la pena podría ascender a 30 años, nueve más que el máximo previsto en la actualidad en el código penal para los crímenes terroristas. De cualquier forma, la condena no operaría como límite para una estancia incluso de por vida en prisión si se determina que Breivik podría reincidir en sus delitos, un extremo con escasos antecedentes en Noruega.

Por otro lado, el ministro de Justicia noruego, Knut Storberget, se vio obligado a salir en defensa de las fuerzas de seguridad, acusadas de responder de forma tardía y descoordinada.

Storberget calificó de «fantástica» la gestión policial del doble atentado, aunque no descartó la posibilidad de realizar una investigación interna posterior. «Es muy importante que tengamos una aproximación abierta y crítica, pero hay un tiempo para cada cosa», afirmó el funcionario, en línea con lo apuntado el lunes por la propia fuerza.

La actuación policial fue cuestionada por su tardanza en responder a las peticiones de auxilio del campamento de la isla de Utoya, donde el agresor dispuso de una hora para abatir a cuantos jóvenes pudo -el balance actual es de 68 fallecidos en ese hecho, y un total de 76 en los dos ataques- hasta que llegaron los primeros agentes.

Según las fuerzas de seguridad, la imposibilidad de emplear el único helicóptero policial para esta operación llevó a las fuerzas especiales a trasladarse primero por tierra y luego a encontrar una embarcación apropiada para alcanzar la isla.

La otra queja contra las fuerzas de seguridad se centra en la descoordinación inicial, algo que reconoció ayer implícitamente la jefatura cuando explicó por qué se rebajó el lunes la cifra total de víctimas mortales de 93 a 76.

Agencias EFE, Reuters, ANSA, DPA y AFP, y Ámbito Financiero

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