Bajo el título de "La opción default" el semanario británico The Economist embiste contra la firma de abogados que representa a la Argentina en el litigio contra los fondos buitre. Tras analizar quién es el estudio Cleary Gottlieb Steen & Hamilton, con base en Nueva York, y su vasta experiencia en asesorar a 28 países con crisis de deuda y en 54 reestructuraciones desde 1983, que incluyen entre sus clientes más recientes a Irak y Grecia, o Corea del sur, considera que el negocio de esta firma es hacer perder a sus clientes porque así se asegura la continuidad de sus contrataciones. Dice la revista especializada que los abogados de Cleary han cosechado fama y fortuna siendo la séptima firma más prestigiosa de Estados Unidos. El año pasado cada socio ganó u$s 2,9 millones, lo que la ubica en el puesto 12, según la revista American Lawyer. Pero The Economist señala que en 2014, los clientes soberanos de la firma han tenido un año para olvidar. En julio Rusia perdió el litigio por haber expropiado ilegalmente a la petrolera Yukos (el Gobierno debió pagar a los accionistas u$s 50.000 millones, 20 veces el récord anterior de un arbitraje). En el caso de la Argentina sufrió tres reveses en la Corte Suprema de EE.UU. que la llevaron al default. En cualquier otra industria, este tipo de cadena de derrotas espantaría a los clientes. De hecho, en la Argentina hubo propuestas de legisladores opositores para cambiar a los abogados. Reconoce que el empecinamiento del Gobierno argentino complicó el trabajo de Cleary al mal predisponer al juez Griesa. Pero a menudo, cuando Cleary pierde gana, dice la revista. Si la Argentina o Rusia hubieran salido victoriosos en sus casos recientes, el trabajo probablemente habría caído. En cambio, las derrotas allanaron el camino para años de batallas legales y así un montón de jugosos honorarios.
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