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Abono Chaikovsky más bien sombrío
Abono Chaikovsky en el Colón: el régimen de ensayos y conciertos fue extenuante e insuficiente para tantas obras de esta envergadura y exigencia.
Reiterando la experiencia del Abono Beethoven con el que la Filarmónica abrió su actividad de 2015, el Colón ofreció durante la semana pasada la integral de las sinfonías de Piotr Ilich Chaikovsky, complementadas por otras importantes obras de su catálogo, como aperitivo del ciclo anual de conciertos de la OFBA que comenzará el 17 de marzo.
Los resultados artísticos de la propuesta fueron bastante dispares y, al igual que el año pasado, el régimen de ensayos y conciertos fue extenuante e insuficiente para obras de esta envergadura y exigencia, a juzgar por los resultados. Hubo entonces un marcado "antes y después" de los dos primeros conciertos, y un abismo anímico y musical entre el deslucido inicio de la travesía (con la Sinfonía nº 1 y la "Obertura 1812") y su apoteótico final.
El segundo de los conciertos (Sinfonías 2 y 3) mostró el mismo panorama desalentador que el primero, con frecuentes desajustes rítmicos, disensos de afinación en cuerdas y maderas y un clima de desgano entre los músicos (más evidente en algunas caras que en otras), que contrastó con el entusiasmo desbordante del público y en especial de Diemecke: locuaz como pocas veces, desacartonado y apasionado en sus comentarios previos a las obras y determinado en sus lecturas, el director mexicano (quien condujo de memoria) fue el responsable de insuflar vida a cada movimiento.
Por tratarse de obras más frecuentadas en el repertorio orquestal, y también por la adquisición de la "gimnasia" necesaria a esta altura del año, las tres últimas sinfonías encontraron en la Filarmónica un instrumento mucho más acorde con su exigencia y dimensión. Lo mismo sucedió con las tres obras que las acompañaron: el vital "Capricho italiano" el jueves, la muy difícil "Francesca da Rimini" el viernes y la extraordinaria "Romeo y Julieta" el sábado.
En la siempre injusta lista de instrumentistas destacados hay que mencionar las intervenciones de Mariano Rey (clarinete), Néstor Garrote (oboe), Maximiliano Storani (corno inglés), Gabriel La Rocca (fagot), Claudio Barile (flauta), Fernando Ciancio (trompeta), Oscar López de Calatayud y Pablo Amaya (cornetas), Fernando Chiappero (notable en el célebre solo de corno de la quinta sinfonía, uno de los momentos más profundos y bellos del ciclo) y Arturo Vergara y Juan Ignacio Ferreirós (timbales).
Dentro del saldo general, el último concierto (a sala casi completamente llena) dejó el sinsabor de que el fervor de la audiencia aplastara literalmente el final bellísimo de la "Patética", pese a que Diemecke, como es habitual, dejó su mano suspendida reclamando un silencio que no se produjo.
El público, tal como quedó en evidencia, y por razones de difícil explicación, sigue negándose a esa quietud metafísica que debe separar la música de su aplauso.


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