Aclamado pianista Perianes debuta hoy

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En el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, tendrá lugar hoy a las 19 todo un acontecimiento: el debut local del aclamado Javier Perianes, considerado el pianista español más notable de su generación. Con el auspicio del Centro Cultural de España en Buenos Aires y entrada libre y gratuita, el recital comprenderá una primera parte dedicada a Chopin y Debussy, y una segunda a Manuel De Falla. Dialogamos con Perianes:

Periodista: ¿De qué manera arma sus programas en general y cómo ideó éste en particular?


Javier Perianes: No me gusta que el armado sea simplemente por una cuestión estética. Vivimos un tiempo en el que es mucho más interesante proponerle al público algún tipo de viaje. En la primera parte habrá un desafío para que la gente vea los paralelos y las paradojas que encierran la música de Chopin y Debussy.

P.: ¿Cuáles son?

J.P.:
En algunos casos los vínculos son rítmicos, en otros melódicos, en otros ambientales. Estas coincidencias pueden ser casuales o no, pero evidentemente entre ambos hay muchísimas conexiones, marcadas sobre todo por Debussy, que hablaba constantemente a sus alumnos de la influencia de Chopin, de cómo usaba el pedal. Incluso se dice que una de las profesoras de Debussy pudo haber sido alumna de Chopin. En la segunda parte tenemos a otro compositor que casi consagró su producción instrumental sólo al piano, Manuel de Falla, que puede ser el compositor español más argentino, porque pasó sus últimos años aquí. Curiosamente las dos obras que toco al principio de la segunda parte huelen a Chopin por los cuatro costados, entonces me gustó vincular a Falla con Chopin y Debussy, como esa "tercera pata" de este banco extraño.

P.: Usted se dedica bastante a los compositores españoles. ¿Lo siente como un mandato o una afinidad estética?

J.P.:
Me dedico a los compositores españoles en los que creo profundamente, no a otros por los que sienta gran afinidad o aprecio. Me interesó grabar obras de Mompou o de Blasco de Nebra. Grabar Falla era casi una obligación, siendo yo andaluz como él era muy difícil no grabarlo. Tengo devoción por los compositores que me parece que pueden compartir sin problemas un programa con cualquier otro de cualquier otra nacionalidad, que son universales.

P.: En estos tiempos en los que dentro de la músi-ca clásica se impone en algún punto un culto de la imagen respecto de los artistas, ¿cómo se planta frente a eso?

J.P.:
Hay que convivir con esta cuestión. Una vez que sacaron la primera portada de un disco mío le dije a la directora de la compañía: "¡Pero me parezco bastante a Alejandro Sanz!", y me respondió con una frase muy divertida: "Bienvenido al circo mundial". Dentro de lo que cabe he intentado cuidar eso todo lo que he podido, pero es una decisión ajena a mí: la compañía tiene los derechos de imagen. Esa cercanía con la música pop, la tendencia a llamar la atención desde las portadas, es algo que me preocupa en cierto punto, pero más el contenido. Me preocuparía muchísimo que a alguien le llamara la atención la portada, comprara el disco y dijera "Bueno, estará muy bien la portada pero lo que ofrece no es tan bueno".

P.: Que la imagen supere lo musical...

J.P.:
El proceso reflexivo del músico tiene que estar por encima de lo otro. Hay que intentar no sobrepasar ciertos límites. Una cosa es que uno salga en una portada de cierta manera y otra es que lo haga con medio cuerpo desnudo y tapado con una partitura. Es una perversión de un producto con tal de vender, o de llegar a un público joven, cuando vemos que 80% de la gente que va a los conciertos sigue siendo de un estrato social muy determinado. Tal vez esas portadas, o las redes social, sirvan para conseguir cosas, pero en el día a día no creo que atraigan a más público.

P.: ¿Qué opciones válidas hay entonces para atraer a más público a las salas de concierto?

J.P.:
En algunos sitios de Europa los precios son altísimos, y para los jóvenes estudiantes es imposible acercarse a las salas de concierto. Los vieneses tienen la política de poner entradas de último momento a un euro o dos, y es interesante. El eterno problema es que el público va envejeciendo, no sé cuál sería la solución.

P.: Sería una forma de brindar accesibilidad sin desvirtuar el contenido.

J.P.:
El caramelo puede estar envuelto en papel con pepitas de oro o lo que se quiera. Pero cuando uno prueba el caramelo y no le gusta, del envoltorio ni se acuerda, o incluso uno se enoja más.

P.: Respecto de la elección de los autores que va abordando en su carrera, ¿siente una independencia total o hay presión de las discográficas o los agentes?

J.P.:
Ahora tengo la suerte de poder compartir con las compañías mis inquietudes, de decir por dónde creo que va mi carrera, y que me gustaría que me acompañaran en ese aspecto. No me siento obligado a grabar nada.

P.: ¿Ha colaborado con cantantes?

J.P.:
Creo que es lo único que aún no hice. Acompañé audiciones cuando era estudiante, pero es lo único en lo que aún no he trabajado. Hay un proyecto muy lindo con la cantaora Estrella Morente para hacer las canciones de de Falla y las que Lorca hizo con La Argentinita. Será un desafío trabajar con ella y con la voz.

P.: Usted asistió a las clases magistrales sobre Beethoven que Daniel Barenboim brindó en Chicago en el 2005. ¿Qué saldo le dejó esa experiencia?

J.P.:
Me marcó un camino a seguir en lo que respecta a tocar Beethoven, por ejemplo en esa frase que me dijo: "Usted toca muy bonito, pero su música está llena de vocales. Y en Beethoven es necesario que de vez en cuando haya una consonante". Y eso me ayudó mucho a tener una precisión distinta. Hace un par de años grabé un disco con sonatas de Beethoven y tenía las consonantes de Barenboim muy presentes.



Entrevista de Margarita Pollini

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