Estamos en año de creciente volatilidad en precios de activos financieros. Los de Argentina tuvieron variaciones bastante superiores al promedio. Se empezó el ciclo con una cierta euforia anticipando noticias positivas y hoy nos encontramos con correcciones a la baja en un ambiente de escepticismo. Las tasas de rendimientos de la deuda soberana argentina en dólares pasaron del 5,6% al 6,9% anual. El promedio simple de otros países de la región se ubica en 4,4% habiéndose incrementado 70 puntos básicos en el período (60 puntos son explicados por la suba de la tasa de EE.UU.). Si bien hubo un realineamiento inicial de la moneda, y estaríamos probablemente frente a otro, en paralelo, el índice Merval cayó un 10% medido en dólares desde principios de 2018, mientras que los indicadores similares para la región mostraron aumentos en general y el de EE.UU. no presentó mayor variación entre puntas.
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En consecuencia, se puede concluir que los precios actuales de activos financieros argentinos no anticipan varias de las novedades positivas que bien podrían ocurrir. Se nota que mayormente no se expandió la base de compradores externos de estos títulos y que, tanto afuera como acá, hay hoy una actitud de gran cautela. Aun sobreviniendo una corrección en la paridad cambiaria y un mundo menos favorable para los emergentes, en la medida en que se clarifique el rumbo y se muestre progreso, se podrá concretar el potencial de mejoras de Argentina en relación a otros, sean emergentes o no. Probablemente seguiremos y tendremos que incorporar la mayor volatilidad, pero si se acompaña con los difíciles pero necesarios fortalecimientos frente a las vulnerabilidades propias, hay una chance de aumentar la base inversora y, en consecuencia, dar lugar a expansiones de horizontes que repercuten en un incremento general de ingresos.
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