6 de marzo 2017 - 00:00

Acusar sin base, el patrón de una nueva política

Washington - Los dichos infundados del presidente de Donald Trump logran acaparar la atención del público, más pendiente de las teorías conspirativas del mandatario que de sus propios problemas, dicen analistas.

En sus primeros 45 días desde que llegó a la Casa Blanca el 20 de enero, Trump hizo "194 acusaciones falsas o engañosas", según el cómputo del diario The Washington Post.

La última se produjo el sábado contra su antecesor, el demócrata Barack Obama, a quien el presidente republicano acusó, sin ninguna prueba, de haber pinchado su teléfono durante la campaña electoral del pasado año.

Día a día, el magnate da un nuevo giro al drama de su mandato y busca un nuevo blanco contra el que descargar su munición a través de Twitter, ya sea Obama o Arnold Schwarzenegger, a quien atacó también el sábado por sus bajos niveles de audiencia en "The Apprentice", el programa de televisión que convirtió al multimillonario en una estrella televisiva.

Expertos coinciden en que Trump sigue inmerso en su propia batalla, ya no electoral, sino por la opinión pública, y que hará todo lo posible para imponer su perspectiva del mundo, sin importar si esa visión es falsa o roza la extravagancia.

"Trump busca ganar y no piensa dejar que los hechos se interpongan en su camino. Si los hechos están de su lado, los usará. Si no, los inventará", dijo Mark Carl Rom, el vicedecano de asuntos académicos de la escuela McCourt de Política de la Universidad de Georgetown.

Todos los políticos intentan colocar la verdad a su favor, pero "nunca antes" hubo en EE.UU. un presidente que dijera mentiras tan evidentes en Twitter o ante la prensa, según dijo Michael Kazin, profesor de Historia en la Universidad de Georgetown.

"No sorprende que los políticos traten de poner la verdad de su lado, siempre lo hacen. Pero los líderes políticos suelen ser muy sofisticados con eso. Lo que sorprende de Donald Trump es que dice cosas que pueden ser probadas fácilmente como falsas", subrayó Kazin.

Por ejemplo, Trump dijo que millones de indocumentados votaron en las elecciones de noviembre, en las que él ganó gracias al sistema del Colegio Electoral pero perdió en voto popular ante la demócrata Hillary Clinton, quien sacó casi tres millones de sufragios más. Sin embargo, las autoridades locales de su propio partido encargadas de supervisar los comicios negaron ese extremo.

Trump ganó popularidad en la política nacional como uno de los abanderados del llamado movimiento "birther", formado por aquellos que creen que Obama no nació en Hawai sino en Kenia, por lo que no sería estadounidense de nacimiento y debería haber sido inhabilitado para dirigir el país.

Según el profesor de Política del Colby College de Maine, Anthony Corrado, difundir mentiras sirve a Trump para distraer al público y evitar, por ejemplo, que el debate gire en torno a las reuniones que mantuvo su fiscal general, Jeff Sessions, con el embajador ruso en Washington, un sonado escándalo desvelado la semana, y que se suma a otros contactos sospechosos.

Agencia EFE

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