Alto, de voz recia, rostro serio y larga trayectoria, Barbero fue uno de los más solicitados actores del espectáculo argentino, un maestro del doblaje y también un luchador por el bienestar de los artistas. Su carrera profesional abarca 50 años, desde 1963, cuando entró al "Teatro Palmolive del Aire", hasta la semana pasada, cuando se lució por última vez en un escenario haciendo "Gris de ausencia", dirigido por su amigo Agustín Alezzo, en función homenaje a Teatro Abierto. Pero ya a fines del año pasado su salud había hecho temer lo peor. Inclusive hubo pedidos públicos de donaciones de sangre para él, cuando estuvo internado en el Instituto Dupuytren.
Nacido en 1938 en la localidad santafesina de San Guillermo, cerca de Mar Chiquita, supo hacer en teatro, y radioteatro, dramas universales como "Lorenzaccio" y "Panorama desde el puente", clásicos nacionales como "Así es la vida", "Mateo" y "El debut de la piba", y también abundantes piezas de buen repertorio comercial.
En televisión su nombre queda especialmente ligado a "Las grandes novelas", "Fortín quieto", "Alta comedia" (donde también hizo una estupenda versión de "Panorama..." de Arthur Miller), "Los especiales de ATC", "Nosotros y los miedos" y también a telenovelas como "Miedo a quererte", "Andrea Celeste", "La extraña dama" y otras más recientes, que lo hicieron popular sin haber alcanzado nunca el estrellato merecido.
En cine no tuvo protagónicos, pero fue indispensable en decenas de películas de toda clase: las sexoleras de Emilio Vieyra, las obras para chicos de Carlos Galettini, policiales, épicas ("El Santo de la espada", "Bajo el signo de la patria", "Juan Manuel de Rosas"), junto a otras de mayor peso, como "Invasión", "La tregua", "¿Qué es el otoño?", "TIempo de revancha", "El grito de Celina", "La isla", "Un muro de silencio", "Casas de fuego", "De la misteriosa Buenos Aires".
Más indispensable todavía resultó su voz. Barbero dobló a decenas de actores extranjeros en coproducciones y versiones televisivas, desde Rossano Brazzi en "El gran robo". Y fue el narrador en off de dos obras que se suponen antagónicas pero son igualmente argentinas: "La fiesta de todos" y "La República perdida II".
Barbero era actualmente secretario de Interior de la Asociación Argentina de Actores, que el año pasado alcanzó a distinguirlo con una medalla por los 50 años de afiliado.
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