19 de enero 2009 - 00:00

Advierten en el país sobre más antisemitismo

La situación en la Franja de Gaza está provocando un precupante brote de expresiones antisemitas en todo el país, que se evidencia en manifestaciones públicas, pintadas contra entidades de la comunidad judía argentina declaraciones de organismos sindicales y hasta institucionales.
Por eso hoy a la tarde la DAIA -la representación política de los judíos argentinos- convocó casi de urgencia a los presidentes de todas las entidades comunitarias para tratar este tema, que
-según la óptica de muchos de ellos- oculta tras un pretendido «antisionismo» la clásica judeofobia. Están citados 130 presidentes de otras tantas escuelas, entidades sociodeportivas, sinagogas y filiales del interior.
Los dirigentes le pedirán al Gobierno que extreme las medidas de seguridad frente a escuelas, sinagogas y edificios comunitarios, que hoy aparecen poco menos que indefensos ante la acción de los vándalos. El momento no parece el más oportuno para este pedido: para entonces, la presidente Cristina de Kirchner estará en Caracas visitando a Hugo Chávez, no precisamente un amigo de Israel o de los judíos. Ya se cursaron pedidos de audiencia al ministro de Justicia, Aníbal Fernández, y al canciller Jorge Taiana; hasta ahora no hubo respuesta.
Y si hay alguna duda de que antisionismo y judeofobia son -al menos para sectores de la «izquierda»- la misma cosa, baste el discurso del representante del Partido Obrero el viernes pasado: en un acto frente a la Embajada de Israel, este orador dijo que «no hace falta ir a buscar a los sionistas a Gaza: acá podemos ir a buscarlos a sus barrios y a sus sinagogas». Cabe apuntar que el fundador y líder del PO, Jorge Altamira, se llama en realidad José Huermus, y es de origen judío.
El caso que disparó la alarma comunitaria fue la pintada que apareció en el colegio Bet-Am (la Casa del Pueblo en hebreo) de las calles Álvarez Jonte y Alcaraz, en Floresta. El miércoles por la mañana se leía en los pilotes «Asesinos» y «¿Te gustan las de terror?», una amenaza poco velada.
Sin embargo, y pese a las quejas de las autoridades de la escuela, el viernes se repitieron los actos vandálicos, esta vez sobre los mármoles que recubren el establecimiento sobre Jonte. En ninguno de los casos, la custodia policial parece haber advertido los atentados (esta vez sólo con pintura). Cabe apuntar que la consigna «Asesinos» fue utilizada por una agrupación «JP Evita» en carteles que empapelaron la Ciudad.
Aldo Donzis, titular de la DAIA, informará hoy a los dirigentes los casos de antisemitismo registrados en Concordia, Resistencia, La Plata, Mar del Plata, Neuquén y Bahía Blanca, por citar sólo algunos lugares del país donde colegios, sinagogas, dirigentes y judíos «prominentes» fueron amenazados o se profanaron edificios.
También se hablará del accionar de activistas de la ATE (Asociación Trabajadores del Estado) en el Hospital Garrahan que empapelaron las paredes del edificio con insignias e inscripciones antisemitas y pegaron carteles en los que aparece una bandera israelí, un signo igual y una cruz esvástica. «La imagen de una esvástica en la cartelera de ATE en el acceso al hospital es un símbolo claramente identificado con el nazismo. No podemos permitir que símbolos nazis estén en nuestro hospital, porque estimulan la xenofobia, el antisemitismo, siempre listo a despertar, a expresarse frente a cualquier crisis», protestó un grupo de profesionales de ese hospital.
Los militantes de ATE no son los únicos en ventear su judeofobia: también la Central de Gremios Docentes de la UBA -casa de estudios que mantiene su reciente tradición en este campo- y hasta el Concejo Deliberante de Mar del Plata tuvieron expresiones poco felices, vinculando el conflicto en Gaza con el «Sionismo-imperialismo».
Hasta ahora, la única
expresión oficial sobre el tema fue la de la presidente del INADI, María José Lubertino, pero tampoco sus expresiones fueron demasiado felices: en declaraciones a la agencia AJN, la funcionaria dijo que «ratificamos la posición del Gobierno argentino contra cualquier tipo de discriminación y atropellos contra los derechos humanos, pero nada justifica actitudes antisemitas o de xenofobia». O sea: se desprende de lo dicho por Lubertino que, aun cuando los judíos (o los israelíes, que para muchos parecen ser la misma cosa) indudablemente están violando los derechos humanos, así no hay que ser antisemita, o al menos actuar como tal.
El panorama, entonces, para la comunidad judía argentina parece sombrío, al menos si aguarda alguna ayuda oficial para evitar los efectos de la creciente judeofobia.
S.D.

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