En la revolución de los aviones, Aerolíneas Argentinas se enfrenta al peor problema que puede tener cualquier actividad humana: el doble estándar. Fomentar la aviación comercial desde el Estado sin apuntalar al actor estatal de ese mercado desde el Estado es medir distinto. No significa otorgar otro cheque en blanco a una administración deficiente: hoy AR, con un contexto económico sensiblemente distinto al que tenía hace cuatro o cinco años, recibe muchísima menos plata que en ese entonces, sin haber tocado personal y aumentando la flota.
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Aerolíneas necesita una administración que le saque el jugo a lo que recibe, y que lo que recibe le permita adaptarse a lo que el mercado hoy exige. Hay inversiones por hacer que son importantes, pero no para que AR sea la "más mejor del mundo mundial": son necesarias para poder competir en igualdad de condiciones con los operadores que el dueño de AR (el Estado) dejó ingresar. ¿Dónde va a quedar el retrofit de los 737 si se cierra la canilla? Si se corta el retrofit, ¿cómo se compite con un avión que divide sus costos entre más pasajeros? ¿Cuánto dura eso? Si no hay reemplazo de los 190, ¿cómo se pelea de igual a igual con un avión que lleva potencialmente el doble de pax? ¿Cuánto tiempo se sostiene una ruta? ¿A qué precio tengo que poner un pasaje si mi costo es mayor? ¿Qué genera más pérdida en el largo plazo?
Y a la larga, la pregunta es: ¿qué hacemos con Aerolíneas? Tal vez sea la pregunta más difícil, porque dejado a la sabiduría popular, ya se hubiera armado la horda con antorchas y tridentes. Dejado a la voluntad expresada por el Gobierno nacional, que no reciba un sólo peso más y que pase lo que tenga que pasar. Dejado a la voluntad de la empresa, que los gremios entiendan que no es momento para andar pidiendo cosas. Y dejado a la voluntad de los gremios, que la empresa entienda que como trabajadores, hay derechos adquiridos.
Para mí, Aerolíneas debe ser un actor regulador de la oferta y la demanda del mercado local. Debe tener un fin ulterior a la ganancia y garantizar la conectividad, sin hacer fomento, pero teniendo en cuenta factores que otros operadores privados no consideran, básicamente porque no tienen la necesidad de considerar. Eso lo hace a partir de una estructura de gente que trabaja. Y entre esa gente que trabaja y quien la emplea, hay una puja que no se restringe a los salarios. En la búsqueda de competitividad se plantean puntos de los CCT que se quieren revisar. Del otro lado, hay una resistencia a perder esos puntos.
Si entendemos que ésa es la función de Aerolíneas Argentinas, necesitaremos entender que los subsidios que recibe son necesarios. Si queremos una AR que dé ganancia, deberemos pensar en una línea que atienda destinos de alta demanda, con modalidades de negocio similares a las de los otros competidores. Lo que no podemos hacer es seguir pretendiendo dos cosas opuestas para la misma operación. Es de locos pretender hoy por hoy subsidio cero y al mismo tiempo pedir ultra conectividad a todos los destinos del país.
Y en este ajedrez revirado de cuatro jugadores, tal vez estemos cerca de un tablas sangriento, donde nadie puede moverse sin perjudicarse y sin embargo le toca. Tal vez sea momento de escucharse entre todos y ver qué se puede sacar en limpio. Porque, al contrario de lo que el Argento promedio piensa, el mercado aerocomercial argentino no será mejor sin Aerolíneas.
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