23 de mayo 2016 - 00:00

Afganistán: muerte del líder talibán augura más violencia

La Policía paquistaní custodia los cuerpos del Mulá Mansur (foto der.) y de otro individuo no identificado. El líder talibán había reemplazado hace diez meses al histórico fundador de la agrupación, el Mulá Omar.
La Policía paquistaní custodia los cuerpos del Mulá Mansur (foto der.) y de otro individuo no identificado. El líder talibán había reemplazado hace diez meses al histórico fundador de la agrupación, el Mulá Omar.
 Islamabad - El Gobierno afgano dio ayer por muerto al mulá Mansur, líder de los talibanes, apenas 10 meses después de que sucediera al frente del principal grupo insurgente del país a su fundador, el mulá Omar, tras un bombardeo de Estados Unidos en Pakistán, que tildó la acción como una "violación de su soberanía". Su desaparición abre un complicado escenario de sucesión y un panorama que apunta a una fragmentación del principal grupo insurgente de Afganistán que podría dificultar aún más la salida negociada al conflicto que vive el país desde hace 15 años.

El jefe del Ejecutivo afgano, Abdulá Abdulá, confirmó el deceso del mulá Mansur, después de que fuentes de inteligencia del país asiático indicaran que el líder de los talibanes efectivamente estaba entre los blancos de un ataque con drones de Estados Unidos en una zona fronteriza de Pakistán realizado el sábado. "El líder talibán, Ajtar Mansur, murió ayer en un ataque aéreo en la zona de Dalbandin, en Baluchistán, de Pakistán", indicó Jamil Sultani, viceportavoz del Directorio de Seguridad Nacional (NDS). "Ajtar Mansur, que estaba bajo vigilancia desde hace tiempo, viajaba ayer en un vehículo con sus compañeros en la zona de Dalbandin, donde fue alcanzado y abatido", indicó el NDS.

La noticia del ataque y la "probable" muerte de Mansur fue adelantada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos en un comunicado el sábado. "Desde que Mansur asumió el liderazgo, los talibanes llevaron a cabo numerosos ataques contra civiles afganos, fuerzas de seguridad afganas y personal estadounidense. "Daremos más información cuando esté disponible", afirmó el portavoz del Pentágono, Peter Cook.

Pakistán reaccionó a la acción militar afirmando que el bombardeo realizado por Estados Unidos supone "una violación de su soberanía, una cuestión tratada con Estados Unidos en el pasado", según señaló en un comunicado el Ministerio de Exteriores del país. Agregó que el primer ministro, Nawaz Sharif, y el jefe del Ejército, Raheel Sharif, fueron informados por Estados Unidos del bombardeo después de que fuese llevado a cabo.

Analistas consultados consideran que tres son los hombres mejor posicionados para suceder a Mansur: Sirajudin Haqqani, el mulá Maulawi Obaidullah y el mulá Barader (también conocido como mulá Brother), aunque no descartan tampoco al anterior jefe de la oficina de los talibanes en Catar, Taib Agha, y al hijo del mulá Omar, el mulá Yaquba. Probablemente, ello contribuiría a una lucha intestina entre bandas, lo que podría conducir en el corto plazo a un cese de los combates contra las fuerzas afganas.

En opinión del exdiplomático y analista Ahmad Saedi, la operación militar para acabar con Mansur es un mensaje de Estados Unidos a Pakistán, en momentos en que el proceso de paz lanzado en diciembre pasado por el Grupo a Cuatro (G4) que forman Estados Unidos, China, Pakistán y Afganistán, lucha por sobrevivir y ha redoblado su llamada a una salida negociada pese a los reiterados rechazos a conversar de los talibanes. "Estados Unidos esperaba que Pakistán llevara a los talibanes a la mesa de negociación, como prometió al principio, pero Pakistán no pudo cumplir las promesas que hizo al Grupo a Cuatro", dijo Saedi. En su opinión Pakistán en estos momentos es objetivo de casi todos los reclamos de Estados Unidos por la presencia de líderes talibanes en el país. "Estados Unidos ha tomado como objetivo a Mansur para por una parte mostrar a Pakistán que los líderes talibanes están en Pakistán y por otra para mandar un claro mensaje a las autoridades paquistaníes", indicó.

Pakistán fue uno de los principales aliados de los talibanes cuando dirigieron Afganistán entre 1996 y 2001 y mantiene una fuerte influencia sobre el movimiento. El pasado mes de marzo, el consejero de Relaciones Exteriores, Sartaj Aziz, reconoció por primera vez públicamente que su país daba asilo seguro a los dirigentes de los talibanes afganos, afirmando que esto permitía empujar a la negociación a los insurgentes islamistas. Pero las conversaciones siguen estancadas y un país completo está sumido en la violancia.

Agencias EFE, AFP y Reuters

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