Al cantaor Diego El Cigala le falta madurar su veta tanguera

Edición Impresa

Cierre del «Festival de otoño. Músicas del mundo». Diego El Cigala (voz). Con D. El Morao (guitarra), Y. Heredia Figueras (contrabajo), J. Calabuch Jumitus (piano) y S. Porrina (percusión latina). Invitados: N. Marconi (bandoneón), P. Agri (violín), D. Sánchez (cello), J. Domínguez (guitarra) y A. Calamaro (voz). (Teatro Gran Rex; 29 de abril). 

Aquel acierto estético y de producción ideado por Fernando Trueba, que fue el disco «Lágrimas negras»-que el cantaor español compartió con el gran pianista cubano Bebo Valdés, significó para Diego El Cigala un espaldarazo que él nunca terminará de comprender en su real magnitud. Desde entonces, este cantante proveniente del mundo del flamenco se ha transformado en una estrella internacional. Y el público de nuestro país, que acogió fervientemente aquel álbum y su presentación -que en Buenos Aires se hizo con el hijo de Bebo, Chucho Valdés, al piano-, volvió a asistir masivamente a esta nueva aventura del cantante.

No parece casual, en consecuencia, que a la hora de experimentar con nuevos repertorios, El Cigala se haya decidido por el tango y que después de una pequeña gira rioplatense (Córdoba, Montevideo, La Plata) haya elegido el Gran Rex porteño para grabar en vivo sus próximos CD y DVD; y hasta se produjo la curiosidad de que luego de la función oficial para el público, se hizo una segunda, en trasnoche, sólo para invitados especiales, con la intención de duplicar las tomas de audio e imágenes y elegir mejor a la hora de la edición.

Si vamos específicamente a lo artístico, considerando lo que se vio en el teatro la intención del español de abordar el tango y sus alrededores locales -hubo también alguna zamba y alguna milonga- no alcanzó la hondura que tuvo aquel trabajo con Bebo Valdés y los boleros.

Pasaron por el escenario, como invitados, importantes músicos locales: Néstor Marconi, Diego Sánchez, Pablo Agri, Juanjo Domínguez. Sobresalieron -aunque no específicamente en la cuerda tanguera- el contrabajista cubano Yelsy Heredia Figueras y el guitarrista flamenco Diego El Morao. Fue simpática la presencia de Andrés Calamaro, para compartir la milonga «Los hermanos» de Atahualpa Yupanqui, primero, y los boleros «Inolvidable» y «Obsesión», en los bises.

Hubo un pequeño momento de puro flamenco que mostró al Cigala en su vena más habitual; y alguna rareza como una versión con texto en castellano de la música de «El padrino» y otra de «Yukali» que se mezcló con «Libertango» de Piazzolla. Y los otros títulos argentinos que eligió no admiten discusión: «Garganta con arena», «Las cuarenta», «El día que me quieras», «Nostalgias», «Alfonsina y el mar», «Tomo y obligo», «Sus ojos se cerraron», «En esta tarde gris», «Nieblas del Riachuelo». Pero salvo pocos momentos, el cantante -que jugó con el tango «deformándolo» y reformulándolo hacia el flamenco y/o el bolero- pareció sobrevolar los textos y las melodías, sin alcanzar la profundidad y la comprensión que semejantes piezas reclamaban.

Quizá sea que su sensibilidad artística está menos familiarizada con el tango que con otros géneros y aquí faltó un Bebo Valdés que lo encauzara. Quizá, simplemente, sea que necesita madurar aún más el proyecto y habrá que esperar un encontrarnos con mejores resultados.

Dejá tu comentario