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Alasino original: “Ganábamos bien” (para negar coimas)
Augusto Alasino
Con movimientos enfáticos y un estilo más propio de una tribuna partidaria, contó jugosas anécdotas de su vida política - algunas sobre Raúl Alfonsín y otras con Carlos Menem- y divirtió a las partes (hubo jueces que no lograron disimular la sonrisa) con ironías acerca del sindicalismo, los empresarios y el poder. Esgrimió un argumento sencillo para desacreditar la versión de los sobornos: «Nosotros no precisábamos cobrar porque ya ganábamos bien, eran unos sueldos extraordinarios».
Alasino llegó puntual a los tribunales de Retiro. Participó, vestido de traje oscuro,
de los conciliábulos previos a las audiencias que ya son un clásico en el juicio. Durante unos treinta minutos, hasta que el Tribunal Oral Federal número 3 da inicio al itinerario, y agrupan a defensores con imputados. No hay temas ajenos: en el subsuelo de Comodoro Py se mezclan los vericuetos del proceso con comentarios de actualidad política y no pocos recuerdos de tiempos pasados.
El exsenador, referente del peronismo de Entre Ríos, estaba entusiasmado con la idea de declarar. Así lo había manifestado en los días previos a los también exsenadores Ricardo Branda y Alberto Tell. Por eso, apenas comenzada la audiencia ocupó el estrado de la defensa con distintas carpetas. «No ha sido fácil defendernos, a los peronistas nos molestaron varias cosas que sostuvo el fiscal en la instrucción», comenzó Alasino.
Memorioso, recordó los primeros días del primer Gobierno de Menem. «Lo acompañé desde el principio, cuando una coca-cola costaba 5.000 australes y un paquete de arroz 20.000», expresó con rostro compungido. Luego dio su primera definición sobre el peronismo: «No somos los mejores en nada, pero somos los mejores alumnos para hacer lo que creemos que está bien», aludió en referencia a la política económica de los primeros meses de la administración de Menem como antesala a la cuestión de la flexibilidad laboral.
Con movimientos arrebatados, y una expresividad que a los presentes les recordaba a sus años como jefe del bloque del PJ en la Cámara alta, comentó encuentros en Olivos con el exmandatario. «Un día, cuando en el Senado no queríamos acompañar sus proyectos, me convoca a una reunión y me pregunta cuántos votos había sacado en las elecciones; le dije que 300.000, y él me respondió: Bueno, yo saqué 8 millones, así que yo gobierno y usted vota».
Con tono solemne, y mirando fijo al presidente del tribunal, Guillermo Gordo, dio otra de sus sentencias en referencia al comportamiento de su partido: «Cuando el peronismo está en el Gobierno, todo el poder al presidente, cuando no está, es como el escorpión, si no está ahí, conspira». Luego habló del Pacto de Olivos y sostuvo que la UCR «le debe mucho a Alfonsín, siempre piensan que sólo fue la reelección, lo minimizan, pero no se acuerdan del Consejo de la Magistratura, la independencia de la Capital Federal, el Ministerio Público y el hecho de que si el pacto no se hacía, a los radicales sólo les quedaban cuatro senadores».
Sobre el Gobierno de De la Rúa, a quien en sucesivos momentos se refirió como «profesor», contó vivencias del Congreso ya con el debate de la polémica reforma laboral. «La ley que nos llegó de Diputados era muy dura, pero el modelo final es muy superior al vigente», resaltó.
Criticó la estrategia de la Alianza en su relación con los gremios. «He militado codo a codo con sindicalistas peronistas que sólo tenían hasta quinto grado y sabían de todo, sabían más que uno que había estudiado, y eso era por su experiencia».
En uno de sus momentos más hilarantes entendió que De la Rúa era «distraído pero honesto» y que (sobre la polémica de los sobornos) «por ahí no se dio cuenta y la plata salió y bueno», dijo con tono irónico ante una mueca del exmandatario sentado a medio metro.
Respecto de Pontaquarto, aseguró que el objetivo de su denuncia fue «desestabilizar al Gobierno». Recordó que el PJ acompañó distintas iniciativas de la UCR y, como argumento principal contó que «no precisábamos cobrar, teníamos excelentes sueldos, pasajes y gastos».


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