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Algunos gestos del Mundial
Entonces, nombrarlos con palabras que evocan un sentido bélico resulta amable a la audiencia en ese vínculo dialéctico.
Resulta estéril pretender valorar el quantum de sentimiento o pasión de las personas con un objeto de amor elegido. Vanos resultaron los esfuerzos de intelectuales de distinta época en denostar la pasión popular por el fútbol. Cómo y desde qué lugar se conecta cada uno con ese sentimiento requiere de la palabra de ese sujeto para entenderlo. No se trata de otra cosa que la carga libidinal destinada y la proyección de fantasías que evoque.
El cambio de paradigma que provocó el psicoanálisis fue, justamente, entender que las necesidades del sujeto se corresponden con su historia, con la construcción única e irrepetible de su aparato psíquico, con elecciones de objetos de amor únicos e irrepetibles por fuera de valores morales y religiosos compartidos en cada momento de una sociedad. Me parece interesante tomar algunos datos del último Mundial y compararlos con episodios del pasado. Sin duda, en términos de catástrofe, el protagonista volvió a ser Brasil que, como país anfitrión, supo alentar las expectativas de todo el país, donde los analistas observaron límites difusos entre el juego y la política.
Todos coinciden en la tragedia deportiva. Comparable con el Maracanazo de 1950. Pero entiéndase, comparable en lo deportivo, no en la reacción y sentimientos del pueblo. Más de trescientas personas se suicidaron con motivo de la derrota con Uruguay en aquella final. De esta última, apenas unos ómnibus quemados con tinte a protesta gremial. A igual catástrofe, pasaron más de sesenta años, y la gente reaccionó de otro modo. Es un gesto. No podemos saber qué pensó, qué sintió cada uno de aquellos que decidió pasar al acto y quitarse la vida. Qué evocó para ellos, qué sentimiento se volvió insoportable, para llegar a ese resultado. Pero en lo colectivo, podemos hablar, sin dudas, de evolución.
Otro dato que irrumpe de manera real, en sentido lacaniano y que, de algún modo, conspira contra la épica del Mundial fue el aporte y colaboración de un jugador alemán que pagó la operación de más de veinte niños de una favela, junto con la construcción, por parte de la federación alemana, de un centro de alojamiento, clínica y entrenamiento donado a la gente de Santo André, Bahía, con empleo a cargo de sus pobladores.
Son datos de evolución. El documental brasileño sobre la vida desgarradora, en el exilio interno, aislamiento y vergüenza que sufrieran los protagonistas y sus familiares del Mundial de 1950, que los acompañó hasta su muerte, es un buen contrapunto de esta realidad.
Pero el festejo de la gente en las calles sigue siendo único y conmovedor.
No hay otro deporte que convoque la salida espontánea de millones de personas en todo el país con ánimo de celebración. Ánimo de victoria, de triunfo patrio, de épica, cada uno lo vive en su propia transferencia, consciente o no del instante fugaz. Me parece importante destacar que se trata de una categoría de fenómeno social, que no es una multitud masificada, porque en el deseo de festejo, la individualidad no se pierde, se comparte, se presta.
(*) Abogado, Psicólogo Social (Esc. Pichon- Rivière) y Licenciado en Psicología UBA. En la actualidad, trabaja como defensor oficial en la Ciudad de Buenos Aires.


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