24 de junio 2016 - 00:00

Alicia Kirchner y el tenso desafío de salir del día a día

Alicia Kirchner
Alicia Kirchner
Al asumir el 10 de diciembre los destinos de Santa Cruz sin la red de contención de una Casa Rosada comandada por el Frente para la Victoria, Alicia Kirchner inició un mandato signado por los intentos de eludir la encerrona de la grave asfixia de fondos que golpea a la provincia patagónica.

Sin la lluvia de recursos que mantuvo viable al distrito durante el control del kirchnerismo a nivel nacional, la exministra de Desarrollo Social de Cristina de Kirchner se topó con la obligación de concentrar los primeros tramos de su gestión en garantizar los deberes más primarios del Estado, como el pago de sueldos y la prestación de la salud y la educación.

Tempranamente brotaron desde el Ejecutivo santacruceño las denuncias de discriminación contra el Gobierno de Mauricio Macri (Cambiemos), a la par de la certeza de que los recursos extra deberán provenir de otras fuentes de financiamiento, con una asistencia extraordinaria nacional vedada.

Así se abrió la dura pulseada con la oposición centrada en Cambiemos (que lidera la UCR), en pos de apagar el déficit de 6 mil millones de pesos que sentencia el Presupuesto Provincial 2016.

Los diputados opositores se negaban hasta ayer a darle a la mandataria un "cheque en blanco" por $10 mil millones, en medio de las denuncias por manejo irregular de fondos que golpean a exfuncionarios del Frente para la Victoria nacional.

Pero el endeudamiento terminó por ser aprobado en medio de una jornada polémica y violenta, marcada por la imperiosa sed de recursos y la necesidad del oficialismo de escapar de esa encerrona que hoy no le permite a Santa Cruz salir del día a día.

Como en los últimos años, los gremios vuelven a jugar un rol pesado en el presente sureño, con extenuantes medidas de fuerza con reclamos salariales que fatigan a la población, al punto que recién días atrás un agónico acuerdo clausuró una escalada de 51 días de paros docentes.

Ayer, todos los factores se conjugaron en un jueves de extrema tensión y de acusaciones políticas, en una Santa Cruz en la que urgen los consensos para poder aspirar a pensar a mediano plazo.

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