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En los primeros seis meses contables a diciembre de 2012 perdió $8.724.000 (el precio del aluminio promedió u$s966,8 en el CME, frente a u$s2.255,6 de un año antes), en los primeros seis de 2013 ganó $215.172.000 (aluminio u$s1.782,6) y en los primeros seis de 2014 fueron $815.536.000 (aluminio u$s1.982,8). En los primeros seis meses (siempre contables) a diciembre de 2015 fueron $317.421.000 (aluminio u$s1.549,5) y en los primeros seis a diciembre de 2016 fueron $869.135.000 (aluminio u$s1.670,4) que con integrales trepa a $874.410). El semestre 2015 ganó 279% más que el 2014, el 2016 fue 61% menos y ahora el 2017 un 174% más. Sin dudas que en estas oscilaciones el precio internacional del aluminio -que es como decir a relación entre China y los EE.UU.- algo tiene que ver (en lo que va del 2017 el aluminio promedia u$s1.814), pero es claro que está lejos de ser el único determinante de su resultado. Al comparar los volúmenes de ventas 2016/15 vemos que las exportaciones pasaron del 65% del total al 81%, un máximo desde al menos 2011 (en elaborados se mantuvo la norma histórica de casi un 50%/50%). Esto que demuestra la capacidad de la empresa para adaptarse a las condiciones externas, es a la vez una de las espadas de Damocles que enfrenta, en especial por la combinación de una inflación elevada con retraso cambiario, lo que atenta contra sus costos y gastos. Pasando al último estado contable la vemos con ingresos creciendo 53% frente a costos que lo hicieron 36%, dejándole un bruto de $2.149 millones, 118% más que a diciembre de 2015. A pesar de la disparada de los gastos de distribución (80%), queda con un operativo de $1.397 millones, 191% mayor al previo. Esto lo acotan lo financiero (de ganar $5 millones pasó a resignar $54 millones) y la mordida del fisco, para arribar al neto arriba consignado.
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