Amnistías y ascensos, las claves de un cambio light

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Cristina de Kirchner dio otra lección. Convirtió en un trámite menor, burocrático, un movimiento que el poder suponía monumental. Hizo suprimir toda pompa de un anuncio que tiene un rasgo dominante: la continuidad, casi inalterable, de su staff de ministros.

No sólo limitó las novedades a rellenar las vacantes obligadas -los huecos dejados por los funcionarios que juraron en el Congreso- sino que los reemplazos, aun con matices, son figuras que ascienden unos peldaños en las tareas o el área que ocupaban hasta ayer.

No hay testeos ni experimentos. Tampoco enroques que impliquen mudanzas o transferencias. Clásica, conservadora, la Presidente aplicó una lógica fubtolística: equipo que funciona -según cree- no se toca. La analogía habilita una metáfora: entran los suplentes.

Con matices, el fenómeno se repite. Juan Manuel Abal Medina, que sucederá a Aníbal Fernández en la Jefatura de Gabinete, administra desde hace meses el nervio más sensible de esa oficina: el vínculo con los medios y la distribución de la pauta oficial.

Del elenco económico, Hernán Lorenzino es quien más cercanía construyó con Amado Boudou, al punto de que el vice electo lo proclamó más de una vez como su heredero preferido. Fue, además, el encargado de uno de los capítulos más densos de la agenda económica.

A pesar de ser previo a la llegada de Julián Domínguez -es anterior a la creación del Ministerio de Agricultura- Norberto Yahuar integra ese elenco ministerial pero desde una rama periférica: la Subsecretaría de Pesca. Se trata, también, de un ascenso en el mismo equipo.

Ese modelo, sin cambios notables -la clave más poderosa es la cercanía de Abal Medina a Cristina- augura que el tercer gobierno K será una continuidad, apenas matizada, de lo hecho en el pasado: los mismos actores para protagonizar una secuela.

Pero la repetición no es un dato inocuo: el bloqueo a la pretensión atribuida a Julio De Vido para expandir su poder y trepar a la jefatura de ministros implica un castigo para el ministro emblemático.

Por eso, no cotiza igual la ratificación en su cargo para el ministro de Planificación, para el canciller Héctor Timerman o para el titular de Justicia, Julio Alak. Al primero se lo suponía magnificando sus dominios; al segundo en retroceso; al tercero, out.

Es un componente sutil pero relevante: para adornar su esquema de continuidad, Cristina recurrió a funcionarios jóvenes, sin saturación pública. Es decir: evitó expresamente que la inercia de la repetición se potencie con la entronización de un ministro añejo.

Entre el statu quo y la modesta renovación -al menos desde lo etario y desde la visibilidad de los ascendidos con más rango: Abal Medina y Lorenzino- aparece un tercer elemento: el criterio para seleccionar a los bendecidos revela una especie de modus operandi cristinista.

Los episodios -y el relato de esos episodios- referidos a la mala hora entre Boudou y la Presidente arrojaban un diagnóstico: a Lorenzino, por estar sponsoreado por el vice electo, se lo consideraba fuera de carrera. Sin embargo, fue el elegido.

El malestar que se atribuye a Máximo Kirchner con el ministro de Economía, ciertos comentarios públicos de la Presidente y los «no-saludos» a quien fue su compañero de fórmula, se convirtieron en la materia prima para las pesadillas de Lorenzino.

O tal reproche presidencial no existe, o Cristina priorizó otra variable o decidió amnistiar a Boudou. La última opción supone un procedimiento inusual en el cristinismo: implicaría, como ironizó Sabato sobre Borges, entender las herejías como variables de la ortodoxia.

Con Abal Medina ocurrió algo parecido: el funcionario fue víctima de un trato pendular. Ansió ser proclamado vice y terminó firmando como senador suplente. Soportó el desplante y unos meses después Cristina paga su estoicismo con la jefatura de Gabinete.

El funcionario detectó ese mecanismo a partir del derrotero de Boudou a quien Cristina mandó a «caminar» la Capital como potencial candidato a jefe de Gobierno pero al final de esa aventura lo excluyó sin dejarle, siquiera, incorporar a sus aliados en las listas.

El ministro no pataleó y un tiempo más tarde aterrizó como candidato a vice.

Cófrades, los dos -Boudou y Abal Medina- irrumpieron ayer, tras el anuncio de los nuevos ministros, como los ganadores de un cambio litgh.

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