Día Nacional del Perro: de Chonino a Fatiga, los 5 pichichos más inolvidables de la historia argentina

La efeméride recuerda al ovejero alemán de la Policía Federal que murió en 1983 durante un operativo y ayudó a identificar a dos delincuentes.

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Cada 2 de junio, se celebra el Día Nacional de los Perros, una fecha que busca reconocer el vínculo único que existe entre las personas y sus compañeros de cuatro patas.

Además de ser las mascotas preferidas de millones de familias, ocupan un lugar especial en la vida cotidiana por su lealtad y el papel que cumplen en tareas de asistencia, rescate, seguridad y contención emocional.

La efeméride nació para rendir homenaje a Chonino, un ovejero alemán de la Policía Federal que murió en acto de servicio en 1983. Y, con el paso de los años, también se transformó en una oportunidad para recordar a aquellos caninos que dejaron una huella en la cultura popular argentina.

Algunos alcanzaron fama por su participación en la televisión, otros por ser personajes de historietas, uno se convirtió en el símbolo de una ciudad y varios trascendieron por acompañar a celebridades. ¡Descubrílos!

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Por qué el 2 de junio es el Día Nacional del Perro: la trágica y heroica historia de Chonino

La fecha fue elegida en homenaje a Chonino, un ovejero alemán nacido en 1975 que formó parte de la División Perros de la Policía Federal Argentina. Desde muy joven fue entrenado para participar en operativos de seguridad y acompañar a los agentes en patrullajes y procedimientos especiales.

Su historia quedó grabada para siempre el 2 de junio de 1983. Aquella noche acompañaba a su guía, el suboficial Luis Sibert, y al agente Jorge Iani durante una recorrida por Villa Devoto cuando detectaron a dos hombres en actitud sospechosa. Al solicitarles la documentación, los individuos intentaron escapar y comenzó una persecución que terminó en un enfrentamiento armado.

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Durante el tiroteo, los dos hombres resultaron heridos. En medio de la situación, Chonino se lanzó contra los agresores para intentar proteger a sus compañeros. El perro logró atacar a los delincuentes, pero recibió disparos que le provocaron heridas mortales.

Cuando los oficiales pudieron acercarse al lugar encontraron entre sus dientes un trozo de tela arrancado de la ropa de uno de los atacantes. El retaso contenía el documento de uno de los responsables, lo que ayudó a identificarlos y capturarlos.

Gracias a una iniciativa impulsada por la periodista y escritora Cora Cané en 1996, el aniversario de su muerte fue establecido como Día Nacional del Perro.

En su honor existe una estatua de bronce en el predio de la Policía Montada, un pasaje porteño (ubicado entre las calles Avenida Casares y la Avenida Jerónimo Salguero) lleva su nombre y sus restos descansan junto a los de su guía Luis Sibert, quien falleció en 2007, dentro del círculo de la Policía Federal.

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Fernando, el callejero melómano que evaluaba a los músicos en Chaco

Mucho antes de que internet popularizara a las mascotas famosas, Resistencia ya tenía su propia celebridad. Se llamaba Fernando, era un perro mestizo de pelaje blanco y durante más de una década se convirtió en uno de los personajes más queridos de la capital.

Su historia comenzó durante la Nochebuena de 1951. Mientras una tormenta sorprendió a quienes celebraban la Navidad en las calles de la ciudad, un perro mojado apareció buscando refugio en un bar donde se realizaba un espectáculo musical.

Ahí actuaba el cantante santafesino Fernando Ortiz, quien terminó dándole el nombre con el que pasaría a la historia. "Un mozo se me acercó y preguntó si el perro molestaba; le dije que no y seguí cantando", recordaría años más tarde el artista santafesino, cuyo verdadero nombre era Luis Fernando Ortega.

Al finalizar el show, el cantante caminó hacia el Hotel Colón sin saber que el perro lo había seguido. A la mañana siguiente, lo encontró durmiendo debajo de su cama: “Lo bañé, le di de comer y nos hicimos muy amigos".

Cuando el músico abandonó la ciudad, Fernando quedó "huérfano", pero no solo. Los vecinos lo adoptaron colectivamente. “El pueblo se adueñó de él. Fue quien se ganó la amistad de la gente con su simpatía”, explicó Ortiz.

Su rutina parecía sacada de una novela. Dormía en hoteles, desayunaba café con leche y medialunas en oficinas bancarias, almorzaba en restaurantes tradicionales, asistía a exposiciones de arte, recorría talleres de escultores y era invitado en cumpleaños, casamientos, carnavales y actos públicos.

“Era tal honor que llegara a un festejo que después, seguro, los organizadores o dueños de casa fanfarroneaban por la visita”, recordó el escritor y periodista Mempo Giardinelli.

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Pero Fernando tenía una característica que lo hizo único: su supuesto oído musical. La leyenda cuenta que asistía a conciertos y reaccionaba ante errores de los intérpretes. Cuando una ejecución le gustaba movía la cola. Si detectaba una desafinación o una equivocación, gruñía o abandonaba el lugar.

“Creo que fue la Navidad del ‘57, o el ‘58, cuando visitó Resistencia un famosísimo pianista polaco, de apellido Paderewsky. Ofreció un concierto único en el Cine Teatro Sep, el más importante de la ciudad, y por supuesto mis papás me llevaron. La sala estaba repleta y Fernando se acomodó bajo el piano de cola. A la vista de más de mil personas, se diría que Paderewsky y él comenzaron el concierto", contó Giardinelli.

"Nunca olvidaré la impresión de aquel público cuando, en medio de una sonata de Beethoven, de pronto Fernando se puso de pie, alzó las orejas y soltó un gruñido. Pareció que el mundo se detenía, pero Paderewsky, todo un profesional, siguió como si nada", detalló.

Y continuó: "Sin embargo, hacia el final del concierto, nuevamente el perrito sacudió las orejas y miró fijo al pianista como diciéndole: ‘Oiga, la está pifiando’. Entonces Paderewsky, con europea elegancia, detuvo sus manos, miró al perrito y le dijo, en duro castellano: ‘Tiene razón, equivoqué dos veces’”.

Luis Landriscina, por su parte, destacó la actitud del canino: “Fernando era un perro que era de todos y de nadie, pero fundamentalmente de todos. Todos lo cuidaban, pero él se cuidaba solo. Tenía destellos de inteligencia sobresalientes. Iba solo a vacunarse, hacía la fila. Si alguien hablaba mal de él en una mesa del Sorocabana, nunca más volvía a acercarse a esa persona. Eso me lo contaron muchos que lo conocieron y lo quisieron”.

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Fernando murió atropellado el 28 de mayo de 1963. Su funeral paralizó la ciudad y reunió a una multitud. La noticia llegó, incluso, a los diarios de Buenos Aires, a la BBC de Londres y el New York Times, que alguna vez habían dedicado notas a su historia.

Hoy cuenta con dos monumentos públicos en Resistencia, un privilegio que ningún otro perro posee en Argentina.

Sobre su tumba puede leerse una inscripción que resume el cariño que generó: "A Fernando, un perrito blanco que, errando por las calles de la ciudad, despertó en infinidad de corazones un hermoso sentimiento".

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Mendieta y Diógenes: los filósofos de la historieta y el humor rioplatense

La cultura popular argentina también tuvo perros inolvidables nacidos de la imaginación de grandes humoristas gráficos.

Uno de ellos fue Mendieta, el inseparable compañero de Inodoro Pereyra, personaje creado por Roberto Fontanarrosa. Apareció por primera vez a finales de 1972 en la revista cordobesa "Hortensia" como un animal común, pero con el tiempo adquirió rasgos humanos y terminó convirtiéndose en el principal interlocutor del gaucho más famoso de la historieta argentina.

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En 1977, otro canino conquistaría a los lectores desde una perspectiva diferente. Diógenes se transformó en una figura habitual de la contratapa del diario "Clarín" gracias a su humor ácido y reflexivo.

"Diógenes y el Linyera" fue dibujado por el uruguayo Tabaré y guionado por Carlos Abrevaya y Jorge Guinzburg hasta 1993. Desde 1996 hasta el 2006 el creador de los diálogos pasó a ser Héctor García Blanco.

Con comentarios cargados de sarcasmo y una mirada crítica sobre la sociedad, la mascota continuó una tradición muy argentina: utilizar animales para retratar las contradicciones humanas.

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Fatiga, el rey de la apatía que se convirtió en el meme favorito del país

Pocos personajes televisivos lograron una popularidad comparable a la de Fatiga. Aunque nunca protagonizó una escena central de Casados con Hijos, terminó convirtiéndose en uno de los integrantes más queridos de la familia Argento.

El personaje apareció durante la exitosa serie emitida a mediados de los años 2000 y llamó la atención por su expresión permanentemente cansada y su indiferencia frente a todo lo que ocurría a su alrededor.

CASADOS CON HIJOS

Paradójicamente, Fatiga era interpretado por una perra llamada Violeta que era hermana melliza de Betún, otro perro actor conocido por su papel en la serie "Los Simuladores". Ambos fueron entrenados por su dueño, Jorge Montenegro.

Con el paso del tiempo, su imagen encontró una segunda vida en internet. Capturas de pantalla y memes en redes sociales convirtieron al animal en un símbolo del agotamiento, aburrimiento o resignación que forman parte de la vida diaria.

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Jazmín, el fiel acompañante de Susana Giménez

Durante años, Jazmín fue la protagonista en la vida de Susana Giménez. La pequeña Yorkshire Terrier acompañó a la conductora en viajes, programas de televisión, producciones fotográficas y numerosos momentos de su historia personal.

Su popularidad creció a medida que aparecía junto a la diva en distintas situaciones cotidianas. Los fanáticos se acostumbraron a verla en entrevistas y eventos, donde muchas veces captaba tanta atención como la propia celebridad.

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Conan y sus "hijos"

Conan fue el perro más famoso de Javier Milei y una figura recurrente en la construcción pública de su historia personal. El mastín inglés acompañó durante años al actual presidente de la Nación, quien en numerosas entrevistas destacó el vínculo emocional que mantenía con el animal.

Tras su muerte en 2017, el mandatario tomó una decisión que posteriormente generaría una enorme repercusión pública: recurrir a un procedimiento de clonación realizado en Estados Unidos para preservar su línea genética.

A partir de ese momento, nacieron cuatro perros que considera los "hijos" de Conan: Murray, Milton, Robert y Lucas, bautizados en homenaje a reconocidos economistas liberales.

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