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Ante el espejo de Roosevelt
Se dice en Estados Unidos, a modo de broma, que cuando Obama aparece en televisión, el ritmo del corazón del país cae a diez pulsaciones por minuto. Y eso que habla de una situación económica «atroz» y de un desempleo que puede llegar «a dos dígitos» en un país con una exigua protección para quien se queda sin trabajo.
Para responder a la crisis, Obama ha rescatado las recetas de Roosevelt, quien en 1933 acabó con la parálisis de su antecesor, Herbert Hoover, y expandió drásticamente el Gobierno federal con los programas de creación de trabajo y ayuda a los desempleados que bautizó como el «New Deal».
Tres cuartos de siglo después, Obama promueve un paquete de estímulo fiscal de casi 800.000 millones de dólares, una vez que el presidente saliente, George W. Bush, se negara a impulsar otro programa de desembolsos presupuestarios al final de su mandato.
Las similitudes van más allá del paralelismo en su política anticrisis, según Barry Bosworth, un economista de la Institución Brookings, un centro de estudios independiente.
«Esta recesión va a ser bastante grave y cuando el desempleo llegue a niveles altos será necesario un líder que pueda unir a la gente», dijo. «Los discursos importan en tiempos difíciles y Obama es el primer presidente en mucho tiempo que tiene ese talento», opinó.
Roosevelt asumió la presidencia en medio del pánico, con una crisis bancaria profunda y devastación en el campo, que entonces tenía mucho más peso en la economía del país. Además de ordenar la intervención pública masiva en la economía, FDR quiso ser un bálsamo, consciente de que además de una crisis económica el país sufría una crisis de confianza. Roosevelt usó la radio, un medio de comunicación nuevo en aquella época, para llegar a los estadounidenses directamente, en lo que llamó sus «charlas junto a la chimenea».
En la primera, días después de su jura, les dijo: «Tienen que tener fe. No salgan en estampida por los rumores... Juntos no podemos fracasar».
Obama ha encontrado otro medio de contacto directo con su público, al ser el político que mejor ha capturado el potencial para movilizar y recaudar fondos de internet, en páginas como Facebook y YouTube, y de los mensajes de texto a móviles.
En los días previos a asumir el cargo más poderoso del mundo, Roosevelt es uno de los personajes presentes en su intimidad.
«Hay un libro nuevo sobre los primeros cien días de FDR, y lo que se ve en FDR, y espero que mi equipo pueda emular, no es siempre tener razón, sino transmitir confianza y una disposición para intentar hacer cosas nuevas y experimentar para crear empleo», afirmó Obama tras su victoria en las elecciones.
Ese libro es «El momento decisivo: los cien días y el triunfo de la esperanza de FDR», de Jonathan Alter, que junto con «FDR», de Jean Edward Smith, ha estado en la mesa de luz
de Obama, según sus portavoces.
Colin Bradford, un ex alto funcionario del Departamento de Estado con el presidente Bill Clinton, cree que Obama ya ha enviado una buena señal al componer un gabinete de gobierno muy variado.
«El quiere oír el choque de los sables de las diferentes perspectivas y es lo suficientemente inteligente para escuchar» y decidir, dijo Bradford. Esos debates le servirán ideas variopintas y la posibilidad de «experimentación» que Obama admira en FDR, según los expertos.
Roosevelt también dejó su marca en la historia de Estados Unidos como heraldo de un cambio en la geografía política a favor de los demócratas.
Está por verse si Obama dejará una impronta en Estados Unidos tan duradera como su augusto antecesor.
Agencia EFE


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