25 de mayo 2011 - 15:28

Antojos de Zelaya demoran el retorno de Honduras a la OEA

Manuel Zelaya
Manuel Zelaya
Está casi cantado que el 1 de junio, en Asamblea General especial, la OEA reincorporará a Honduras, suspendida de ese organismo en julio de 2009 por la negativa del Gobierno interino de Roberto Micheletti de restituir a Manuel Zelaya, depuesto el mes anterior por un golpe de Estado. Lo de «casi» es porque la vuelta de Honduras a la OEA parecía, hasta el mediodía de ayer, un mero trámite, previsto para mañana y como prefacio al regreso de Zelaya a suelo hondureño anunciado para este sábado.
Pero el «happy end» para Honduras, aun con la votación de ayer en Washington para convocar a esa asamblea general la próxima semana (31 votos a favor y uno en contra -Ecuador-), se atrasó todavía más. Es que la película de Honduras no es de las fáciles. En primer lugar, porque su actor principal, Manuel «Mel» Zelaya, se las ingenió para andar y desandar hojas de ruta y propuestas: por eso es que en el cónclave de ayer en la OEA se prefirió constatar antes cómo era recibido el depuesto expresidente en Tegucigalpa este fin de semana para después avanzar con las formalidades del organismo en Washington.
Entre las metas conciliatorias que se propusieron el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, y su canciller, María Ángela Holguín, al llegar al Gobierno estaba no sólo recomponer la relación con su vecina Venezuela sino también, junto con Caracas, desatar los nudos de Honduras. Eso se logró este lunes 23, en Cartagena, después de que Zelaya y el presidente hondureño Porfirio «Pepe» Lobo firmasen, con Santos y el canciller venezolano (en representación de Hugo Chávez, con parte de enfermo) como avales y testigos, el Acuerdo para la Reconciliación Nacional y la Consolidación del Sistema Democrático en Honduras.
Lo que nadie contó en público fueron los amagues que Zelaya (calificado de «mercurial» en las apreciaciones de mínima, y de «estar fuera de sus cabales» en las de máxima) les hizo tragar a jueces y partes. Según pudo reconstruir Ámbito Financiero, la Pax Hondurae estuvo a punto de firmarse el sábado 9 de abril en Cartagena, pero un capricho de Zelaya de último momento pospuso el acuerdo por 40 días más.
De acuerdo con fuentes cercanas a las negociaciones, ese viernes 8, en el Palacio de Miraflores, Mel Zelaya había cerrado con su «pana» Chávez una serie de propuestas, todas consensuadas con Colombia y con el presidente Lobo. Al día siguiente, en Cartagena, mientras esperaban a un Zelaya
«retrasado», los presidentes Santos, Chávez y Lobo, junto con los cancilleres Holguín y Maduro, se enteraron de que
el hondureño exilado en Re-pública Dominicana y con sueldo de asesor de la petrolera PDVSA, había decidido no concurrir. Su argumento: faltaba, en el acuerdo a firmar, el punto referido a la «convocatoria obligatoria a un plebiscito» para reformar la Constitución hondureña (era poner el dedo en la llaga, ya que el desencadenante del golpe del 28 de junio de 2009 en Tegucigalpa fue, justamente, la intención de Zelaya de perpetuarse en el poder mediante una enmienda constitucional).
Comunicación
Ante el plantón de Zelaya, los presidentes Lobo, Santos y Chávez salvaron el papelón con una comunicación telefónica entre el mandatario hondureño y el expresidente depuesto.
Para principios de mayo, en Washington ya se contaba con 21 de los 24 votos a favor necesarios (2/3 de 35) y varios países miembro impulsaban una asamblea general pero desde Caracas y Bogotá frenaron ese impulso hasta tanto las renuentes Brasil, Argentina, Ecuador y Bolivia no aseguraran un voto positivo. Brasil decía que no quería votar en disidencia con su «amiga» la Argentina; Ecuador se mantenía firme en su posición negativa y Bolivia dejaba trascender que no iba a abstenerse ni votar en contra sino que daría un «presente». A su vez, la Cancillería argentina (es decir, Timerman) dudaba en empujar un voto positivo «para no comprometer a la presidente Cristina», que junto con su esposo había intervenido de manera personal (junto a los brasileños) para tratar de restituir a Zelaya al poder en julio de 2009.

Desde Washington ayer dijeron a este diario que esos 31 votos que convocaron a una Asamblea General para restituir a Honduras a la OEA el 1 de junio no necesariamente van a calcarse en la votación de ese día. Brasil estaría por introducir una suerte de salvaguarda que maquille su cambio de posición frente a Honduras. Estaría, dicen, arrastrando a Guatemala con ella, algo que podría entorpecer la votación por unanimidad. Pero sin duda, el temor mas grande recae en las mismas espaldas del mercurial Zelaya, el hombre que debajo de su sempiterno sombrero Steton esconde desplantes, caprichos y entuertos. De cómo se reincorpore Zelaya a su tierra este fin de semana depende, parece, la suerte de Honduras en la región.

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