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Antojos de Zelaya demoran el retorno de Honduras a la OEA
Manuel Zelaya
Pero el «happy end» para Honduras, aun con la votación de ayer en Washington para convocar a esa asamblea general la próxima semana (31 votos a favor y uno en contra -Ecuador-), se atrasó todavía más. Es que la película de Honduras no es de las fáciles. En primer lugar, porque su actor principal, Manuel «Mel» Zelaya, se las ingenió para andar y desandar hojas de ruta y propuestas: por eso es que en el cónclave de ayer en la OEA se prefirió constatar antes cómo era recibido el depuesto expresidente en Tegucigalpa este fin de semana para después avanzar con las formalidades del organismo en Washington.
Entre las metas conciliatorias que se propusieron el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, y su canciller, María Ángela Holguín, al llegar al Gobierno estaba no sólo recomponer la relación con su vecina Venezuela sino también, junto con Caracas, desatar los nudos de Honduras. Eso se logró este lunes 23, en Cartagena, después de que Zelaya y el presidente hondureño Porfirio «Pepe» Lobo firmasen, con Santos y el canciller venezolano (en representación de Hugo Chávez, con parte de enfermo) como avales y testigos, el Acuerdo para la Reconciliación Nacional y la Consolidación del Sistema Democrático en Honduras.
Lo que nadie contó en público fueron los amagues que Zelaya (calificado de «mercurial» en las apreciaciones de mínima, y de «estar fuera de sus cabales» en las de máxima) les hizo tragar a jueces y partes. Según pudo reconstruir Ámbito Financiero, la Pax Hondurae estuvo a punto de firmarse el sábado 9 de abril en Cartagena, pero un capricho de Zelaya de último momento pospuso el acuerdo por 40 días más.
De acuerdo con fuentes cercanas a las negociaciones, ese viernes 8, en el Palacio de Miraflores, Mel Zelaya había cerrado con su «pana» Chávez una serie de propuestas, todas consensuadas con Colombia y con el presidente Lobo. Al día siguiente, en Cartagena, mientras esperaban a un Zelaya
«retrasado», los presidentes Santos, Chávez y Lobo, junto con los cancilleres Holguín y Maduro, se enteraron de que
el hondureño exilado en Re-pública Dominicana y con sueldo de asesor de la petrolera PDVSA, había decidido no concurrir. Su argumento: faltaba, en el acuerdo a firmar, el punto referido a la «convocatoria obligatoria a un plebiscito» para reformar la Constitución hondureña (era poner el dedo en la llaga, ya que el desencadenante del golpe del 28 de junio de 2009 en Tegucigalpa fue, justamente, la intención de Zelaya de perpetuarse en el poder mediante una enmienda constitucional).
Comunicación
Ante el plantón de Zelaya, los presidentes Lobo, Santos y Chávez salvaron el papelón con una comunicación telefónica entre el mandatario hondureño y el expresidente depuesto.
Para principios de mayo, en Washington ya se contaba con 21 de los 24 votos a favor necesarios (2/3 de 35) y varios países miembro impulsaban una asamblea general pero desde Caracas y Bogotá frenaron ese impulso hasta tanto las renuentes Brasil, Argentina, Ecuador y Bolivia no aseguraran un voto positivo. Brasil decía que no quería votar en disidencia con su «amiga» la Argentina; Ecuador se mantenía firme en su posición negativa y Bolivia dejaba trascender que no iba a abstenerse ni votar en contra sino que daría un «presente». A su vez, la Cancillería argentina (es decir, Timerman) dudaba en empujar un voto positivo «para no comprometer a la presidente Cristina», que junto con su esposo había intervenido de manera personal (junto a los brasileños) para tratar de restituir a Zelaya al poder en julio de 2009.


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