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Antológico concierto de músicos franceses
El Coro Accentus, con el Ensemble Orchestral de Paris y un concierto inolvidable.
L. Equilbey. Solistas: M. Delunsch, M. Brook y T. Campos. Obras de H. Berlioz y G. Fauré. (Mozarteum Argentino, Teatro Colón).
Cuando a fin de año los melómanos y la prensa hagan el ya tradicional balance de la temporada, definitivamente el concierto del lunes pasado en el Colón será recordado como uno de los grandes lujos. La actuación del célebre coro Accentus y el Ensemble Orchestral de Paris en el ciclo del Mozarteum Argentino constituyó una fiesta de la música francesa, con un repertorio coherente y bien elegido.
Conocido por sus numerosas grabaciones, el Accentus confirmó en vivo su calidad en la interpretación de la «Méditation réligieuse», breve y bella obra de Hector Berlioz, y del mucho más transitado «Requiem» de Gabriel Fauré. Parece impensable la existencia de un sonido más terso, uniforme y «souple»; por momentos inclusive se tiene la sensación de escuchar a una sola voz por cuerda y no a las 8 o 10 que integran cada una.
Un dato que podría parecer anecdótico respecto del coro Accentus es en realidad revelador de su nivel: el último integrante en subir a las gradas del Colón fue Bertrand Bontoux, el magnífico bajo no vidente que había actuado en 2004 como solista del concierto dedicado a Charpentier de Les Arts Florissants.
No menos perfecto es el Ensemble Orchestral de París, que a las órdenes de la vehemente Laurence Equilbey proporcionó un marco instrumental soñado. No tan convincente fue en el aspecto puramente vocal la actuación de la soprano francesa Mireille Delunsch, pero es imposible soslayar la inteligencia de esta cantante y musicóloga, su perfecta dicción capaz de hacer que el texto se entendiera hasta en la última fila y su expresividad sin desbordes, en la grandilocuente cantata
«La mort de Cléopâtre» de Berlioz que abrió el programa.
El «Requiem» opus 48 de Fauré en su versión de 1900 tuvo en el una performance que resaltó el aspecto íntimo y la riqueza cromática de la partitura, con notables intervenciones del barítono Matthew Brook y del ovacionado Tobías Campos (integrante del Coro de Niños del Colón), quien cantó con afinación y seguridad el difícil y célebre «Pie Jesu». Tras el «Cantique de Jean Racine» de Fauré interpretado con delicadeza extrema, un homenaje a Georges Bizet y a su música incidental para «Larlésienne» de Daudet fue un final esplendoroso.


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