19 de julio 2016 - 00:00

Aplausos que no alcanzan para cerrar las heridas

Cada 18 de julio, a las 9:53 , el sonido de una sirena nos recuerda a todos los argentinos que la impunidad no tiene fecha de vencimiento. Ese es el momento en el que los 85 muertos en el atentado contra la sede de la AMIA, sus deudos y un puñado de ciudadanos que se resisten al olvido, desahogan su grito reclamando la justicia que luego de 22 años, aún no obtuvieron.

Esa evocación -que contó con varias conmemoraciones- tuvo ayer en su escenario central frente al edificio de la calle Pasteur, una presencia inusual: por primera vez asistió Mauricio Macri, en esta oportunidad como Presidente de la Nación. El exjefe de Gobierno porteño tampoco había participado de los actos durante sus mandatos como alcalde, luego de la irritante designación del excomisario Jorge "Fino" Palacios al frente de la Jefatura de la Policía Metropolitana. A pesar de su separación del cargo, el uniformado continúa aún siendo juzgado por encubrimiento de la investigación del atentado a la mutual.

Claro que la relación de Macri con las organizaciones de la comunidad judía comenzó a desempantanarse cuando el kirchnerismo avanzó con la firma del polémico memorando de entendimiento con la República Islámica de Irán con el que el Gobierno de Cristina pretendió dar un cierre al conflicto por la causa AMIA.

El efecto fue exactamente el contrario al que imaginó el ex canciller Héctor Timerman. El dedo acusador de las entidades comunitarias dejó de apuntarle a Macri (a pesar de que nunca dejó de apoyar a su amigo comisario) y pasó a señalar a los kirchneristas en el poder, a quienes la prédica de los D´Elía y los Esteche haciendo una defensa acérrima de los iraníes acusados por el atentado, no ayudó en absoluto

Al asumir la presidencia, Macri ordenó que el Estado no apele ante la Cámara de Casación la decisión judicial de declarar inconstitucional el memorando y decretó su deceso. Eso permite entender las razones de su presencia en el acto de ayer, las palabras de agradecimiento de los dirigentes de la DAIA y los aplausos que le prodigaron al Presidente durante su fugaz paso por el acto oficial. Nada que alcance para cerrar las heridas que sigue provocando la impunidad.

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