21 de junio 2013 - 00:00

Apremiada

Dilma Rousseff trabajó ayer en el Palacio del Planalto en Brasilia custodiada por 200 militares, en momentos en que afuera sucedían las multitudinarias protestas.

La tensión social la llevó a suspender una visita oficial a Japón y un acto en la ciudad de Salvador. Sí, resolvió aplazar el viaje porque hubieran sido muchos días, y en función de los acontecimientos actuales, decidió permanecer en Brasil, adelantó una asesora de prensa de la Presidencia.

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