Las imágenes del archivo del MET permanecieron inéditas hasta el año pasado, cuando el museo le dedicó una retrospectiva a la artista.
Retratos. Casi siempre marginales, travestis, prostitutas o nudistas.
Un enorme paso al frente acaba de dar el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires con el arribo del Metropolitan de Nueva York, institución que, desde la semana pasada, presenta "En el principio", una muestra retrospectiva de Diane Arbus (1923 -1971)
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El MET llegó al Malba con Jeff Rosenheim, curador en jefe de fotografía, un centenar de imágenes de Arbus y su propio equipo de montaje. Para colgar las fotos levantaron en la sala una extensa serie de paredones grises, un extraño bosque urbano donde cada imagen queda enmarcada y posee luz propia. Expansivo, Rosenheim, vino dispuesto a explicar las cualidades de la ya mítica fotógrafa neoyorquina. Así comenzó por entrelazar cuestiones biográficas de Arbus, miembro de la acomodada burguesía judía de NYC, con su firme determinación de calar hondo en la carne de sus retratados.
La carrera de Arbus comenzó cuando su marido, Allan Arbus, fotógrafo de las producciones de moda que realizaban juntos para varias revistas, le regaló una cámara y le enseñó a usarla. "Creo realmente que hay cosas que nadie puede ver si yo no las fotografío", señalaría Arbus años más tarde.
Sus retratados son seres mayormente marginales, travestis, prostitutas, nudistas; un monstruoso gigante junto a sus padres o una desolada mujer en la Quinta Avenida; las gemelas idénticas o los niños que empuñan armas de juguete que parecen reales, como el chico crispado de la cabeza a los pies con una granada en su mano. Todos ellos revelan un nivel de entrega personal, de genuina honestidad en las actitudes más íntimas. Y de este modo, el espectador se sumerge en mundos perturbadores. Cada personaje, consciente de su protagonismo, cuenta quién es y hasta cuál es su problema. Y lo cuenta de frente. Ahora bien: ¿por qué negarlo? Hay imágenes que atrapan con su dramática belleza, pero hay otras que provocan rechazo por la sordidez de lo representado. Susan Sontag pone en evidencia su repudio, cuando asegura: "Fotografiado por Diane Arbus, cualquiera es monstruoso".
Arbus convoca el dolor y también al repudio por el "otro", el diferente, el que sufre. Rosenheim aclara que ella "no roba instantes" y, marca una evolución que va desde los retratados durante encuentros fortuitos hasta los sujetos elegidos, que se convierten en participantes activos. "Este anhelo de conocimiento, esta curiosidad por la naturaleza oculta de la persona o el objeto que está fotografiando, unida a su creencia en el poder de la cámara para hacerla visible, es, sobre todo, lo que la distingue. Las fotografías ponen en cuestión todo lo que creíamos saber acerca de la identidad, el género, la raza, la apariencia y las distinciones entre artificio y realidad".
Diane Arbus se suicidó a los 48 años, el 26 de julio de 1971. Unos meses antes había publicado el portfolio que cierra la exposición. La caja contiene diez retratos ya célebres de formato cuadrado tomados entre 1970 y 1971.
Las fotografías del archivo del MET, permanecieron inéditas hasta el año pasado, cuando el museo le dedicó una retrospectiva a la artista. La muestra del Malba comparte el mismo planteo expositivo. Allí no estaba el fascinante retrato de Borges en el Central Park y, en Buenos Aires tampoco.
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