22 de agosto 2017 - 00:00

Arde la Casa Blanca (y la sociedad es un volcán en erupción)

EL VIERNES SE CONOCIÓ LA SALIDA DEL IDEOLÓGICO DE TRUMP, STEVE BANNON - El éxodo de varios líderes empresarios y de asesores cercanos al presidente republicano hace resquebrajar su presidencia, según los analistas. Si no retoma el liderazgo y la agenda económica, se complicará la administración.

La caldera del diablo. Parece que la presidencia de Donald Trump se transforma en una remake “política” de la otrora serie de los sesenta.
La caldera del diablo. Parece que la presidencia de Donald Trump se transforma en una remake “política” de la otrora serie de los sesenta.
¿Se arruinó ya la presidencia de Donald Trump? ¿Con poco más de 200 días en funciones? ¿Al extremo de llegar a un punto de no retorno? La semana que pasó fue la más caótica de una administración que hace del embrollo su sello distintivo. "La presidencia de Trump terminó", afirmó tajante Steve Bannon, su principal estratega de campaña, tras conocerse, el viernes, la notificación de su rasante despido. Habla de "la presidencia por la que luchamos en el llano y la que ganó la elección. Con su alejamiento despunta un Gobierno "más convencional" al que le será difícil avanzar en los tópicos sensibles "como el nacionalismo económico y la inmigración". Debe quedar claro que si Trump quiere salvar su presidencia, y recuperar el liderazgo que supone la posición, debe enterrar la aventura que pergeñó con Bannon, y que tan bien vendió en campaña, pero que se salió de cauce después del trágico episodio racial de Charlottsville, lo confinó en tiempo récord a un islote de orfandad tras absurdas declaraciones, y amenaza con llevárselo puesto. Empresarios y dirigentes de su propio partido le soltaron la mano en masa y sin tapujos, esta semana. Hasta el promocionado Gary Cohn, su principal asesor económico, candidateado para reemplazar a Janet Yellen al timón de la Fed, consideró renunciar, conforme las versiones off the record. Y hay plena constancia de la carta que recibió el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, otro ex-Goldman Sachs, escrita por cerca de trescientos de sus compañeros de graduación de Yale (clase 1985) urgiéndolo a abandonar su función en cumplimiento de "una obligación moral". Echar a Bannon es condición necesaria pero no suficiente para evitar el naufragio. Expulsar al iceberg, una vez producida la colisión, sabemos bien que no hubiera alterado el destino del Titanic.

"Fuego y furia", prometió Trump. Y, una semana después, Washington está en llamas. Nada tiene que ver Corea del Norte. Es fuego amigo, un aquelarre nacionalista 100% Made in USA. Su origen no es Pyongyang sino la Casa Blanca y las disputas feroces en su seno (y, detrás de ello, el fracaso absoluto de su gestión). Después de Charlottesville y de Trump repartiendo culpas por igual sobre racistas y antirracistas, no sólo la política, la sociedad es un volcán en erupción. Remover odios y agitar las diferencias ideológicas, raciales y religiosas, la receta de su belicoso Durán Barba para "aplastar a los demócratas" (sic), no ha hecho a los Estados Unidos grande de nuevo sino una réplica gigantesca de cualquier país mal avenido del Tercer Mundo. Ni los monumentos de los tiempos de la Guerra Civil están a salvo del encono.

Estados Unidos se transforma en una caldera, con la política que hierve de antagonismos, el Gobierno en proceso acelerado de descomposición y pérdida de apoyos mientras Trump se empeña sin éxito en dar filosos golpes de efecto. El mundo se inquieta: "Estados Unidos es un país peligroso", reza un titular del Financial Times. ¿Y Wall Street? Hace el aguante. Mira con beneplácito las ganancias empresariales en alza. Apunta el mejor andar de la economía global (y ahora también de la nacional). Sin embargo, enterarse de la presunta partida de Gary Cohn (el probable preludio de un éxodo mayor) la obligó a prestar atención, y recular. Resistir, resiste. Quiere creer. Se mantiene a tiro de los récords (2,2%) y cruza los dedos.

¿Qué hará el Partido Republicano en la emergencia? Tomar cartas en el asunto. "Los republicanos van a moderar a Trump", vaticina Bannon. Será por las buenas si Trump acepta su tutela. O por las malas si Trump no consigue poner su Gobierno a flote. La agenda nominal de unos y otros es la misma: la reforma tributaria, de salud y la avanzada desregulatoria. Antes que termine septiembre, deberán verse las caras para remontar el fantasma del techo de la deuda pública. Un marco propicio para medir fuerzas y cerrar acuerdos de mayor alcance.

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