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Arequipa luce su encanto colonial
La Plaza Central es un buen punto de partida para recorrer las calles entre antiguas y restauradas casonas.
Otra diferencia con el resto del país es que no hay época del año señalada para una visita. No hay lluvias torrenciales, ni sequías; no por nada Miguel de Cervantes la definió como «la ciudad de la primavera eterna».
PANORÁMICA
El boom de la construcción de edificios residenciales y de oficinas, que hace posible que Arequipa tenga el segundo PBI más importante del país, no ha modificado en absoluto las zonas más tradicionales que desde hace años son Patrimonio de la Humanidad declarado por la Unesco. De ahí que no extraña que todos los city tours comiencen en la imponente Plaza de Armas, con sus flores, palmeras y fuentes. Nada mejor para observar la influencia de la cultura española que una panorámica de los edificios que rodean al parque: la catedral neoclásica, la muncipalidad y el monasterio de Santa Catalina, que es una verdadera ciudadela religiosa. El toque de color lo aportan restoranes, hoteles y bares que se intercalan con la arquitectura del siglo XIX, sin afectar esta fachada en lo más mínimo.
Vale la pena también perderse por la calles del centro, que de noche adquieren el tono sepia de los faroles, y prestar atención a las más de 300 casonas de la época colonial que en muchos casos todavía se conservan y en las cuales -luego de una refacción de interiores- habitan familias.
ORNAMENTOS
En este sentido, una visita turística ineludible es la casa de Tristán del Pozo. Su arquitectura y ornamentos espectaculares (columnas, fuentes y frisos) justifican que desde siempre haya sido codiciada por el poder: en el siglo XIX por el religioso (allí vivieron distintos obispos), en el siglo XX por el militar y el político, y en el siglo XXI por el económico, ya que actualmente alberga las oficinas de un banco internacional.
En una ciudad de tanta influencia religiosa hay media docena de monasterios e iglesias que se recomienda visitar (Claustros de Santo Domingo, Convento de la Recoleta, Convento de San Francisco, Iglesia de la Compañía, etc.), aunque si el tiempo apremia, el compromiso inevitable es un paseo corto por la Catedral (no hacen falta más de 30 minutos), considerada una de las obras de arquitectura más importantes del continente y que reúne los mejores detalles del Viejo Mundo: un altar de mármol diseñado por el artista italiano Fi-lippo Moratilla, un órgano belga que brilló en la Exposición Universal de París, y que sólo se lo escucha los domingos, y un púlpito diseñado por el francés Buisine-Rigot.
Los museos de los santuarios andinos también merecen una parada. Allí se pueden apreciar distintas piezas cerámicas de las culturas originarias (especialmente la incaica) y restos humanos además de momias.
Es recomendable requerir guía, básicamente para conocer la historia de estas últimas, que es tan intensa como fascinante. Imposible aburrirse con relatos que incluyen guerras viscerales, amores clandestinos, cultos religiosos y aventuras imposibles entre las distintas tribus, hasta llegar al golpe final del destino, con la conquista española.


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