11 de noviembre 2016 - 00:00

Argentina ingenua: errores a la hora de medir a Trump

Rubén Rabanal
Rubén Rabanal
No fueron pocos los presidentes y funcionarios de continentes varios que se anticiparon a la elección presidencial en Estados Unidos calificando un hipotético triunfo de Donald Trump como catastrófico o al mismo candidato como un delirado, falto de preparación para el cargo pretendido. Es cierto que lo hizo también Mauricio Macri (ayer se conoció otro video de un reportaje que le hicieron cuando aún era candidato) hablando del ahora presidente de los EE.UU como un "chiflado". Susana Malcorra también cruzó algunas reglas básicas en su apoyo a Hillary Clinton, como también lo hicieron franceses, italianos (Mateo Renzi fue más efusivo en el tema hace un mes en Nueva York), chilenos, ucranianos y también el propio presidente del Perú que ayer recalculaba desde esas posiciones.

Cada uno de esos apoyos casi desesperados a Clinton ante la chance de un triunfo de Trump tiene su explicación, pero ninguno de ellos es hoy el centro de las cuestiones a analizar, a pesar de que buena parte del periodismo argentino se haya deleitado con las anécdotas sobre la forma que Mauricio Macri y su padre se saludaban o no con Trump en su pelea por construir un edificio más o menos en Manhatan o si el nuevo mandatario estadounidense está dispuesto a olvidar esas supuestas peleas e inclusive venir en algún momento al cono sur.

Era imposible que Malcorra hiciera otra cosa que la que hizo: apoyar al candidato demócrata, ni siquiera forzando posturas por su cargo aquí. El partido demócrata es su mundo en los Estados Unidos; la relación con John Kerry viene de mucho antes que ella misma pensara en que en algún momento podría ser canciller argentina, sino que fue moldeada en años de hacer ejercicio en los pasillos de la ONU. Los republicanos están mucho más lejos de todo ese diplomatic sistem que la estructura demócrata maneja mucho mejor, y por lo tanto también alejado de Malcorra.

De ahí que el gabinete de Macri razonara en estas últimas 48 horas en otras dimensiones: el problema primario hoy para la Argentina después de la elección en EE.UU. no es cómo será su relación con Trump, sino cómo será el Gobierno de Trump para su país. Si el nuevo mandatario choca a los Estados Unidos por la impericia o negligencia que algunos anticipadamente la adjudican, poco importará que que Macri se lleve bien o mal con él.

El resto forma parte de la ingenuidad con que la prensa analiza estas cuestiones, siempre en ritmo de Boca-River.

Como explica hoy este diario, es mucho más importante, entonces, conocer el entramado de relaciones que el equipo económico argentino tiene con los funcionarios que Trump va nombrando para ese área en su Gobierno. (Ver nota aparte.)

A pesar de los esfuerzos de Barack Obama y Macri por relanzar una agenda común (olvidada por Washington durante años) Argentina sigue siendo un país extremadamente periférico para las prioridades de los EE.UU. Venderle limones aún constituye una epopeya. Por lo tanto, los efectos que el Gobierno de Trump puede traer en lo inmediato no hay que buscarlo en los gestos o historias aniñadas sobre relaciones pasadas, sino en como soplará el viento estadounidense sobre toda la tierra.

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