25 de mayo 2017 - 00:00

Argentina, la fábrica de incertidumbres

"Predecir es muy difícil y sobre todo el futuro", sentenciaba Niels Bohr, destacadísimo Premio Nobel de Física del siglo XX. Pocos economistas coincidimos según atestiguan cuantiosos y precisos anticipos de lo que está por venir, de colegas en metas de inflación, crecimiento y cuentas de todo tipo de gobiernos y agencias.

Mejor ser cautos. Las ciencias sociales involucran interacciones de 40 millones de individuos, en Argentina, y 7.500 millones de personas en el mundo. Complica aún más las proyecciones que los individuos deciden en forma independiente entre si, con una gran diferencia en sus capacidades de actuación. Debemos admitir, la ciencia económica no habilita las predicciones precisas reclamadas por clientes y políticos. Si no he podido convencerlo, piense en acertar algo muchísimo menos complejo: El resultado de un partido de fútbol. Se trata de apenas 11 jugadores contra otros 11 con movimientos acotados por reglas estrictas y capacidades individuales limitadas. ¿Se anima a predecir el resultado de cualquier partido?

Es que las ciencias sociales, como la economía, son mucho más complejas que las ciencias "duras" como la física, que puede dar precisiones muy acotadas entre pocas variables. Al aceptar el Premio Nobel de Economía, F. Hayek, pronunció su discurso "La pretensión de conocimiento" explicando la imposibilidad de predecir relaciones precisas entre variables económicas. Entre otras razones, los economistas miden unas pocas variables que, en verdad, resultan de promediar un enorme número de diferentes situaciones, imposibles de observar en su totalidad, que se comportan de modos que ninguna mente puede conocer en su totalidad. A modo de ejemplo de esta complejidad irreductible: ¿Quién se anima a anticipar de modo exacto el precio en un mercado competitivo, en una fecha alejada? Estos precios surgen de las interacciones de una enorme variedad de actores, en una estructura de posibilidades cambiantes en forma inesperada. Es imposible que una persona capte toda la información relevante. Esta es justamente la función de los mercados. Coordinar las interacciones de un amplio y multifacético espectro de personas, enmarcadas en estructuras e instituciones variables, sin que ninguna tenga nada más que información parcial. El orden de los mercados emerge sin control ni diseño centralizado. Hayek en varias obras ha intentado describir esta complejidad irreductible.

Los bancos centrales más prestigiosos del mundo reconocen estas dificultades. A pesar que actualmente sufren tasas de inflación inferiores al 2% anual desde hace largos años, y de desear acelerar un poco la inflación hasta alcanzar al 2% anual, ninguno de esos bancos arriesga un plazo cercano para lograr su objetivo. Ni la Fed de EEUU, ni BCE, de la Eurozona, ni Banco de Japón, ni el de Inglaterra han fijado un fecha exacta para alcanzar su objetivo. Estas instituciones saben que, si bien el control monetario eventualmente facilitará acotar la inflación en cierto rango, muchos otros factores inciden en la variación de precios. El rol de las expectativas, variaciones de la demanda, sueldos, tarifas, precios externos, tipo de cambio, impuestos, modificaciones estructurales, tecnológicas, entre otros, no puede ser soslayado. En Argentina, la inercia de la indexación de salarios, impuestos, tarifas, gastos del estado, limitada competencia externa e interna, hacen menos previsible el ritmo inflacionario. Encima, nuestra moneda, el peso, no es la exclusiva unidad de cuenta a la hora de las decisiones. Un gran número de transacciones se decide según el valor en dólares. Entre ellas, las vinculadas con actividades transables internacionalmente, una amplia cartera de activos financieros e inmuebles. El reciente blanqueo confirma la absoluta preponderancia del dólar en los activos de los residentes argentinos.

El BCRA mantiene una regla de decisión común a otras entidades centrales. Cuando la inflación supera a lo deseado, por sus autoridades, sube la tasa de interés. Explicamos que la inflación mensual no está determinada por el crecimiento del crédito interno en pesos, exclusivamente. Otros factores contribuyen al resultado observado. Pero pagar una tasa de interés demasiado elevada encarece el endeudamiento del estado, empresas e individuos. También suele comprimir la demanda de bienes y servicios, generación de empleo y riqueza. Una inflación del 27,5% anual, en pesos, y del 20% anual en dólares, mide una incertidumbre gravosa para los argentinos. Hemos propiciado que todo el gobierno y las entidades privadas, sindicatos, provincias, intendencias y otras organizaciones sean invitados a trabajar para contener esta incertidumbre tan dañina.

Dejá tu comentario