2 de junio 2010 - 00:00

Arrecia la presión para que Israel termine con el bloqueo a Gaza

Manifestantes se aprestan a prender fuego a una imagen del premier Benjamín Netanyahu, en el marco de una protesta frente al consulado israelí en Estambul, Turquía.
Manifestantes se aprestan a prender fuego a una imagen del premier Benjamín Netanyahu, en el marco de una protesta frente al consulado israelí en Estambul, Turquía.
Washington, Bruselas y Jerusalén - El asalto a la Flotilla de la Libertad por parte del Ejército israelí intensificó ayer una ola de críticas al bloqueo de la Franja de Gaza que, en un dato insoslayable, incluyó una dura declaración al respecto del Gobierno de EE.UU. Sin embargo, la Casa Blanca hizo equilibrio, porque fue casi la excepción en el mundo al rechazar una condena explícita al Gobierno de Benjamín Netanyahu por el ataque del lunes a la misión internacional -que ocasionó al menos 9 muertos-, al tiempo que pidió «prudencia» a la comunidad internacional para no sacar conclusiones apresuradas. La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, llevó la voz cantante al afirmar que «la situación en Gaza es inaceptable y no puede continuar».

«Hay que hacer justicia a las legítimas necesidades de seguridad de Israel, del mismo modo que debe ser satisfecha la legítima necesidad de los palestinos de recibir una ayuda humanitaria sostenida», precisó Clinton en conferencia de prensa. «El acceso regular de los materiales para la reconstrucción (de Gaza) también debe ser asegurado», agregó.

Sin embargo, y ante la ola de crispación que generó un ataque a una misión de decenas de países, con algunas personalidades de alto perfil (legisladores, activistas civiles, intelectuales), Clinton buscó poner paños fríos: «Desde nuestra perspectiva, la situación es muy difícil y requiere respuestas prudentes y reflexivas de todos los afectados».

La Unión Europea (UE) también dejó claro su posición al respecto. La alta representante de Política Exterior del bloque, Catherine Ashton, mantuvo una conversación telefónica con el primer ministro palestino en la que le «explicó a (Salam) Fayad que el bloqueo (por aire mar y tierra) debe cesar y que los países de la UE discutirán cómo obtener lo antes posible este objetivo», indicó un vocero.

A su turno, el viceprimer ministro británico, el liberal democrático Nick Clegg, afirmó que las acciones del comando israelí «demuestran la necesidad de poner fin al bloqueo», impuesto desde enero de 2007. «La situación en Gaza se ha convertido en una catástrofe humanitaria. Aunque Israel tiene por supuesto todo el derecho de defenderse y defender a sus ciudadanos de ataques, debe ahora tomar medidas para levantar el bloqueo a Gaza lo antes posible», subrayó Clegg. Poco antes, el canciller británico, el conservador William Hague, había instado al Estado hebreo a cumplir con las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y levantar la medida.

Esta posición también fue compartida por el Vaticano en un inusitado tono que dejó ver un documento de trabajo preparatorio para el Sínodo de Obispos de Medio Oriente. «La ocupación israelí de los territorios palestinos dificulta la vida diaria, la libertad de movimiento, la economía y la vida social y religiosa», se indicó en el texto.

Por el momento, ninguna de estas declaraciones logra disuadir a Israel. «Gaza es un Estado terrorista financiado por Irán, y en consecuencia debemos impedir que le lleguen provisiones militares por tierra, aire y mar», explicó ayer Netanyahu.

«Abrir una ruta naval hacia Gaza sería un peligro enorme para la seguridad de nuestros ciudadanos, por ello insistimos en el bloqueo naval y en las inspecciones de las naves que están por llegar a puerto», aseveró el premier.

Netanyahu justificó la acción del comando militar contra la flota como una forma de «autodefensa», y destacó que las críticas mundiales no impedirán a su Gobierno interceptar una nueva nave, la Rachel Corrie, que partió hace días desde Irlanda.

A Israel, el tiro parece haberle salido por la culata en todos los aspectos, como admiten analistas y políticos en ese país (ver nota en página 17). Turquía, hasta hace poco su principal aliado en el mundo musulmán, denunció la operación como un «ataque sangriento» que debe ser «castigado», y Egipto ordenó abrir la terminal de Rafah, el único paso de la Franja no controlado por Israel, para el envío de ayuda humanitaria y el traslado de enfermos.

La jornada estuvo minada de reuniones de urgencia de diferentes organizaciones internacionales. En primer lugar, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que sesionaba la noche del lunes, exigió «una investigación rápida, imparcial, autorizada y transparente» sobre el ataque. Paralelamente, los países de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) celebraron ayer una reunión especial a solicitud de Turquía (país miembro de la Alianza Atlántica) y también solicitaron que se esclarezcan los hechos.

En tanto, en un día de particular tensión, cinco milicianos murieron ayer en dos incidentes separados con el Ejército israelí en la Franja de Gaza. Ambos episodios fueron confirmados por fuentes militares, que informaron además de la caída de dos cohetes procedentes de la Franja en suelo hebreo. Ninguno de ellos causó daños o heridos.

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