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Arturo Sandoval trajo su “swing” inconfundible
Pese a que en su repertorio conviven composiciones muy diversas, el extraordinario Arturo Sandoval sigue siendo por sobre todas las cosas un músico cubano.
A Arturo Sandoval le había quedado un regusto amargo de su anterior visita a Buenos Aires. Según él mismo le dijo a este diario en una entrevista reciente, no terminaba de comprender por qué, en aquella ya lejana actuación del 92, el público había silbado cuando él -cubano, pero opositor a los hermanos Castro y residente desde hace tiempo en EE.UU.- agradeció la presencia en la sala del embajador estadounidense. Seguramente por eso, durante este concierto apenas hizo una mención, muy velada a la anécdota -la recordó como un «hecho curioso», sin más-, y prefirió concentrarse en hacer lo que mejor sabe: tocar la trompeta y hacer música.
Y en ese sentido el músico, que dice tener una relación de amor-odio con un instrumento que toca con virtuosismo («yo hubiera querido ser pianista, pero en mi pueblo eso era cosa de niñas»), pero que además canta y toca el piano con solvencia profesional, es un artista incuestionable.
Su concierto, acompañado por una banda de grandes solistas, se armó con un repertorio surtido que incluyó composiciones propias, «standars» como «Night in Tunisia» de Dizzy Gillespie, una pieza de Oscar Peterson que tocó al piano, un par de canciones interpretadas por él mismo (la italiana «Estate», en la que mezcló trompeta y voz, y «Smile», de la película «Tiempos modernos» de Charles Chaplin), y hasta una invitación al pianista argentino residente en los Estados Unidos, Jorge Calandrelli, de paso por Buenos Aires, con quien compartió una composición que será parte de su próximo álbum.
Aunque en algún momento de la noche apareció un clásico rioplatense como «El día que me quieras», que también cantó e hizo cantar a la platea, que en su lista de temas convivan composiciones tan diversas, y que en su grupo haya músicos sobresalientes de distintas nacionalidades, Sandoval sigue siendo, siempre y afortunadamente, un músico cubano. Y es en ese «cubanismo», en su acercamiento al jazz desde lo latino -¿o viceversa?-, en la importancia que tiene el ritmo en sus interpretaciones, en el «swing» caribeño que le aplica a todo lo que toca, que sigue estando en los escalones más altos del arte de los últimos treinta años.


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