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Ascensor vip al piso 32 y mudanza de apuro
Con la hoja en la mano, subió por el ascensor vip hasta el piso 32 (que junto con el 33 era ocupado por los directores de la petrolera hasta ayer privada) y preguntó dónde quedaba la oficina de Mario Dacomo, el director de Asuntos Legales de YPF. Lo enfrentó con cara de pocos amigos, le entregó el folio y le dijo que las personas incluidas en ese listado estaban desvinculadas de la empresa y tenían 15 minutos para abandonar las instalaciones. La lista era encabezada por Sebastián Eskenazi e incluía -entre sus 16 miembros- a Antonio Gomiz (el representante de Repsol en el «día a día» de YPF). Y, por supuesto, al propio Dacomo.
El abogado traído por los Eskenazi a la petrolera les avisó por teléfono interno a dos o tres de los afectados por la desvinculación, quienes a su vez hicieron una cadena con los directores que les eran más cercanos. No por esperada la salida fue menos dolorosa. Uno de los que tuvieron que irse ayer le dijo a este diario: «Podían haber hecho lo mismo pero de manera menos violenta».
Los directores permanecieron en el edificio hasta cerca de las 14 horas; para ese entonces los flamantes directivos de la petrolera reestatizada se sentaron en la oficina que fue de Antoni Brufau -presidente de la compañía- en el piso 33 y ordenaron el almuerzo que originalmente había sido preparado para los directivos anteriores. Los mozos obedecieron.
Encabezados por el viceministro de Economía Axel Kicillof, los funcionarios charlaron de las responsabilidades que asumían -en un ambiente de cuasi euforia- mientras los exdirectores se retiraban portando cajas y carpetas con sus pertenencias personales.
A eso de las 15 el ministro de Planificación y flamante interventor en la petrolera, Julio De Vido, también se hizo presente en el edificio. Su nombramiento (lo mismo que el de Kicillof) fue producto de un DNU (decreto de necesidad y urgencia), dado que el Gobierno puede disponer la intervención de una empresa tras la sanción de una ley por el Congreso. Los DNU cumplen esa misma función.
Antes de eso, el propio Baratta le había comunicado al jefe de seguridad del edificio que a partir de ese momento el control de accesos y egresos, así como los pisos 32 y 33, quedaban a cargo de personal de seguridad y del jefe de área del Ministerio de Planificación. No hubo resistencia.
En las próximas horas los directores deberán -seguramente- reunirse con las nuevas autoridades de la empresa para los últimos detalles de la desvinculación, tales como la devolución de automóviles y aparatos asignados, pero también para pactar los términos económicos de esta abrupta salida. Las noticias que llegaban desde el edificio diseñado por el tucumano César Pelli tuvieron en el empresariado argentino un efecto casi tan perturbador como la propia expropiación del 51% de las acciones de la petrolera. La frase más escuchada entre hombres de negocios que se negaron de plano a hablar citando nombres y apellidos fue: «Si le hacen esto a la empresa más grande del país, qué queda para nosotros...».
Nadie quiso hacer pública esta preocupación, pero las alusiones de la presidente Cristina de Kirchner a los bancos, las energéticas y las empresas de telecomunicaciones de origen español, instándolas a invertir más en la Argentina, fueron leídas como una señal inquietante para el futuro de esas organizaciones.
Hoy se reúne el comité ejecutivo de la Unión Industrial Argentina (UIA), en su habitual encuentro de martes por medio; la central fabril no podrá evitar pronunciarse (aunque sea en términos «light») sobre la expropiación de YPF, que si bien no es socia de la entidad, era hasta ayer una de las naves insignia del empresariado.
En sentido inverso, la Asociación Empresaria Argentina (AEA) parece haber dejado de existir: hace al menos un semestre que este grupo no da señales de vida. Lo mismo puede decirse del Grupo de los Seis (la UIA, los bancos nacionales, las cámaras de la Construcción y Comercio, la Bolsa, la Sociedad Rural), cuyos miembros no se reúnen desde octubre pasado. Así las cosas, el Gobierno tiene en un empresariado atemorizado un adversario potencial tan endeble como lo son los partidos de la oposición en el campo político.


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