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Asesinos que matan de a dos y se burlan de todos
Alberto Ángel Pérez y Juan José Campos están prófugos. Ambos tienen operatoria criminal similar.
Incluso, en el caso de Pérez, conocido en Avellaneda, como "El Loco Cacho", las familias de las víctimas denuncian que "nadie lo busca".
En el caso de Campos, la Policía Federal y la Justicia piden una y otra vez la publicación de su foto en los medios para ver si alguien rompe el silencio y se anima a denunciarlo.
"El Loco Cacho" no era un improvisado en violencia. Tenía al menos tres causas cuando el 27 de diciembre de 2014 salió a la puerta de su casa en Montes de Oca al 700, de Avellaneda, y atacó a tiros a dos vecinas.
Lo increíble es que tras el crimen de Silvia Rosso, de 57 años, y su hija Yamila, de 23, el novio de esta última llegó al lugar y mató a otro vecino al confundirlo con el verdadero asesino que ya se había fugado.
Tan rápido fue el escape de "El Loco Cacho" que su moto aparece cruzando a Uruguay por Gualeguaychú a las seis horas del doble asesinato.
Pérez ya había sido denunciado por sus vecinas por obligarlas a vivir en situaciones de hostilidad constante.
Lo insólito también es que Pérez había sido absuelto en otra causa acusado de balear a un joven y de resistir su detención de la Policía a los tiros. Pero hay más. Según denuncian las familias de las víctimas, el RENAR le renovó reiteradas veces la licencia de usuario, a pesar de estos procesos penales. Con una de esas armas cometió la masacre, y nunca más se lo vio.
"No tenemos garantías de que lo estén buscando", se quejan los familiares de las víctimas.
Juan José Campos se ganaba la vida como maestro pizzero. En una de sus noches "de cacería" conoció a Elizabeth Romina Wilson por Facebook. Al tiempo se le instaló en la casa. Al tiempo terminó asesinando a ella y a su hija Stefanía, de 19 años.
La masacre estuvo a punto de evitarse, o al menos la fuga del asesino.
Una vecina escuchó gritos desgarradores y llamó al 911. La Policía fue al lugar. Aseguran que recorrieron el edificio y no detectaron nada extraño.
La escena del crimen
A la mañana siguiente, el padre y abuelo de las víctimas fue al edificio y encontró una escena macabra: las dos mujeres asesinadas a puñaladas. Y Campos, "borrado". Desde ese día -23 de febrero de 2015- el doble homicida no aparece. Se hicieron allanamientos en distintos puntos del país, y nada de nada. Campos trabajó hasta la semana previa a los homicidios en un conocido restorán porteño.
Vivía con las víctimas desde finales de octubre, cuatro meses antes de matarlas. Luego se supo que al día siguiente de los asesinatos, algunos testigos -no se conocía el doble crimen- se cruzaron con Campos en los pasillos del edificio y lo notaron apurado.
Es más. Se mostró como un vecino más que quiso saber qué había pasado con los gritos y el procedimiento policial de la noche anterior.
Se estima que para desviar la atención, tras los alaridos de las mujeres, Campos habría enviado algunos mensajes de texto desde el celular de Romina a otras vecinas simulando que ella estaba bien y que en su departamento estaba todo normal.
Dos casos de doble homicidio. Dos historias calcadas. Los dos se burlan de todos.


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