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Ataque al Belgrano: ‘‘Un acto cobarde’’
A las 16 de aquel día el submarino nuclear HMS Conqueror disparó en secuencia tres torpedos, dos hicieron impacto en el Belgrano y el tercero siguió hasta golpear -sin explotar- el casco del destructor ARA Bouchard, que junto al ARA Piedrabuena escoltaban al crucero. Los tres navíos navegaban fuera de la zona de exclusión con rumbo al continente.
Una investigación y posterior interpelación a la «dama de Hierro» en el Parlamento británico, liderada por Tam Dalyell (laborista), probó que Margaret Thatcher autorizó el hundimiento del crucero en coincidencia con la propuesta de paz del expresidente peruano Fernando Belaúnde Terry. La tragedia sepultó el plan de cese de hostilidades y la escalada militar fue un hecho sin retorno.
Puricelli sostuvo, además, que «así como tenemos un juicio muy duro respecto de lo que fue la decisión del 2 de abril, no tenemos un juicio menos duro del Reino Unido y de su por entonces primera ministra, Margaret Thatcher, que no trepidó en sepultar a 323 héroes».
Demanda
Los deudos que integran la Comisión de Familiares de los Caídos en Malvinas, que estuvieron presentes en el homenaje, impulsan una iniciativa para que la Cancillería realice una demanda judicial ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya por el crimen de guerra que significó el hundimiento del Belgrano.
De una dotación del buque conformada por 1.042 hombres, se rescataron 719 marinos; fue una de las operaciones de salvamento más exitosas desde la Segunda Guerra Mundial, participaron los destructores escolta Piedrabuena y Bouchard, el aviso (remolcador de mar) Gurruchaga y un avión naval Fokker F-28 que avistó las primeras balsas.
En el acto también habló el contraalmirante retirado Carlos Castro Madero, que formó parte de la tripulación del Belgrano, se desempeñaba como jefe de la batería de cañones de 5 pulgadas.
La elección de este orador marca una señal de cambio interno en la Armada conducida por el flamante almirante Carlos Paz, ayer promovido a la máxima jerarquía según se conoció en el Boletín Oficial (Decreto Nº624/2012).
Castro Madero pidió su retiro a fines de 2010; no compartió la decisión de la exministra de Defensa Nilda Garré, quien había ordenado al entonces jefe naval Jorge Godoy apartar de los ascensos a los capitanes de fragata Marcelo Barbich, Gustavo Neuendorf, Juan Lucena, Eduardo Pizzagalli, Jorge Sciurano y James Whamond. Eran compañeros de promoción que ingresaron a las filas de la Armada en democracia pero tenían un ADN inconveniente para el poder: ser familiares directos de uniformados sometidos a procesos tras la derogación de las leyes de punto final.
Castro Madero rememoró la jornada del hundimiento: «Nuestro crucero estaba herido de muerte y comenzaba a hundirse en esas gélidas aguas del Atlántico sur con la dignidad de un grande». «El Belgrano partió a su apostadero definitivo dando tiempo a que gran parte de su dotación pudiera abandonar el mismo y llevando consigo a 323 marinos, convirtiéndolos en su más leal guardia de honor».


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