Aunque sin monopolios ni avances oficiales, medios también desvelan a EE.UU.

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APRETADA CARRERA A LA CASA BLANCA

Nueva York (enviado especial) - Dos escenarios son poco probables en el panorama político-mediático estadounidense. Por un lado, no se encuentra en el mapa un grupo empresarial que ocupe posiciones, a veces competitivas, otras dominantes, otras monopólicas, en todos los campos de la comunicación. Si bien hay poderosos multimedios convergentes con las telecomunicaciones, no se detecta un holding que abarque desde el cable hasta una agencia de noticias, desde un sello editorial a la producción de papel para diarios, periódicos, radio, internet y TV en una misma área de cobertura. Una tradición legislativa de varias décadas impide este tipo de redes totales. Por el otro, sería inimaginable un Gobierno en la Casa Blanca que resista y hasta bloquee el acceso a la información del Estado, incluyendo la fobia a las entrevistas, o que utilice el espacio publicitario del béisbol o la NBA para emitir anuncios propagandísticos de tono hostil a un multimedios opositor.

Esta realidad está lejos de traducirse en ausencia de denuncias acaloradas por el sesgo de la prensa o por políticas de comunicación que algunos ven favorables a la concentración. Por ejemplo, el Gobierno de Barack Obama llegó a crear un blog para desmentir punto por punto «las mentiras de Fox» y amenazó, en octubre de 2009, para arrepentirse a los pocos días, con no darle entrevistas a la cadena de noticias del grupo Murdoch (que edita aquí The Wall Street Journal, The New York Post y posee decenas de canales de cable y abiertos, entre otros negocios). En un marco de medios con posturas marcadas, Fox News se caracterizó, desde que el abogado de Chicago emergió en la esfera pública nacional, por presentarlo como un ser extraño a EE.UU., con alusiones nunca explícitas, siempre obvias, al color de su piel. Fox News no sólo tiene una agenda full time conservadora, sino que también promueve a políticos republicanos, a los que contrata como presentadores o comentaristas.

Empleos

El fin de semana, MSNBC (unos 650.000 espectadores promedio, del gigante Comcast-NBC/General Electric), la contrainsurgencia mediática contra Fox, machacó con los 171.000 nuevos empleos generados en octubre. El lema institucional de esta cadena es «Lean forward» (inclínese hacia delante), y «forward», no casualmente, es la palabra-ícono de la campaña oficialista. En los actos republicanos, bastó que Romney mencionara la sigla MSNBC para disparar un silbido generalizado de sus seguidores. En cambio, Fox News (2 millones de espectadores promedio) contrasta por estas horas el aura de las manifestaciones de Obama en 2008 con las desabridas de hoy. Sus comentaristas repasan aquellas frases del candidato demócrata acerca del «trabajo conjunto bipartidista» y lanzan una carcajada.

No se trata sólo de dos cadenas de noticias que irritan a unos y otros. La revista New York preguntó a 74 influyentes dirigentes y funcionarios demócratas y republicanos, divididos en partes iguales, si creían que los medios tienen un sesgo pro Obama. El 89% de los conservadores contestó «sí», el 78% de los oficialistas respondió «no». Empate.

Los recientes fueron años de importantes movimientos en el mercado de las comunicaciones de EE.UU. Se produjeron fusiones de alto impacto, Warren Buffett compró 63 periódicos, se retiraron actores con dos siglos de actividad en la prensa, páginas web se comieron a medios tradicionales y hasta el fondo buitre Alden Global Capital adquirió veinte diarios regionales.

Joseph Torres, asesor de Relaciones Externas de la organización contraria a los monopolios Free Press, acusa al Gobierno demócrata, ante la consulta de Ámbito Financiero, de haber aprobado «la que quizá sea la fusión más perjudicial de nuestra historia». Se refiere a la unión entre Comcast, el principal operador de cable y banda ancha de EE.UU., y NBC Universal (General Electric), que opera el canal abierto, la cadena Telemundo, la productora de cine Universal y varios canales de cable. Aunque la Federal Communications Commission impuso condiciones para aprobar la fusión, como proveer banda ancha a menos de 10 dólares a 2,5 millones de hogares de bajos recursos, incluir en la grilla medios independientes y atender intereses de minorías, nada de ello es suficiente para Torres.

En coincidencia con la campaña presidencial, transcurre en EE.UU. un debate sobre cómo evitar que Comcast y otros proveedores de banda ancha, como Time Warner, AT&T y Verizon privilegien el acceso a sus propios contenidos, restando pluralidad a la web.

Según el directivo de Free Press, Comcast-NBC, como principal distribuidor de señales, «tiene un gran poder para favorecer sus contenidos discriminando a los otros tanto en cable como en internet». «Un saber convencional indica que si Romney es electo, se puede esperar mayor concentración en la prensa y en el mercado de banda ancha, pero en los hechos las empresas de medios y telefonía han tenido la habilidad de influir tanto en presidentes republicanos como en demócratas, y en el Congreso», concluye Torres.

Aunque en EE.UU. no existen los multimedios con el dominio del mercado conocido en otros países, las opiniones de mayor difusión en EE.UU. transitan, sin embargo, un mainstream con algunas zonas intocables. Ello fue marcado por la publicación alternativa The Anti-Empire Report de septiembre: «Hay más de 1.400 diarios en los Estados Unidos. ¿Puede alguien nombrar un diario o cadena de televisión estadounidense que se pronuncie más o menos a favor de algún enemigo público del Gobierno? Por ejemplo, ¿de Hugo Chávez en Venezuela, de Fidel o de Raúl Castro en Cuba, de Bashar al Asad en Siria, de Mahmud Ahmadineyad en Irán, de Rafael Correa en Ecuador? ¿Presentan estos medios de comunicación el punto de vista de esos enemigos públicos de manera justa y razonable?». Respuestas para estas preguntas podrán ser provistas tanto por quienes abonan las teorías conspirativas como por quienes confían plenamente en el mercado como administrador del derecho a la información.

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