12 de agosto 2009 - 00:00

Avatares en Caracas

Cristiano Rattazzi
Cristiano Rattazzi
  • Sorprendió la ausencia en la delegación oficial del ministro de Planificación, Julio De Vido. El funcionario es quizá el corazón en el gabinete de la relación con el Gobierno venezolano, y se esperaba que sea el principal protagonista (fuera de la Presidente) de este viaje a Caracas. La explicación oficial de la ausencia fue que el conflicto tarifario y la crisis por el gas, lo obligaron a permanecer en Buenos Aires.

  • Fue muy variado el listado de invitados diseñado por el Gobierno para participar de la ronda de negocios entre la Argentina y Venezuela. Entre otros, figuraron responsables de automotrices (Ford, Volkswagen y Mercedes-Benz), gerentes bolivarianos de SanCor, exportadores de carnes, calzado y productores de arroz. Se recordaba que en viajes anteriores llegaron a Caracas personalidades como José Ignacio de Mendiguren, Víctor Klima, Gustavo Grobocopatel, Cristiano Rattazzi, Roberto Urquía, los Bulgheroni y obviamente la familia Rocca representando a Techint. Eran épocas de vacas gordas. Hoy, el principal referente bilateral es Enrique Pescarmona, uno de los últimos empresarios que permanecen en pie cerca del kirchnerismo, y con muchos negocios con Venezuela. El más importante fue la exportación de turbinas a este mercado por más de u$s 520 millones. El propio Pescarmona asegura que este negocio no hubiera sido posible sin la intervención K.

  • Hugo Chávez protagoniza desde hace varios años una cruzada personal contra la compra de productos norteamericanos, al ritmo de su «revolución neosocialista». Sin embargo, los automóviles con los que ayer fue recibida Cristina de Kirchner al llegar al aeropuerto incluían un impresionante Lincoln Continental, modelo 2008 y similar al que utiliza la administración del presidente norteamericano Barack Obama. El resto de la comitiva oficial argentina se movió con varios Chevrolet Impala, no menos notorios.

  • El rojo es el color oficial del régimen bolivariano. No sólo lo utiliza Hugo Chávez en sus camisas, camisetas y eventuales gorros, sino todos los funcionarios públicos en sus corbatas, pins y pañuelos. Una interpretación directa apuntaría a que fue elegido como homenaje al socialismo. Sin embargo, funcionarios del Gobierno chavista tienen otra interpretación. Cuentan que está inspirado en que en el pueblo de San Francisco de Yare, cerca de Caracas, durante el siglo XVII se utilizó la leyenda de los diablos danzantes (un ancestral relato indígena sobre los diablos justos peleando contra el mal blanco), para intentar una especie de revolución contra los propietarios de las explotaciones de caña de azúcar y cacao. Los rebeldes se disfrazaron de diablos rojos y fueron asesinados por las fuerzas españolas.

  • La banda presidencial oficial del Palacio Miraflores se preparó durante toda la mañana de ayer, ensayando el Himno para recibir a Cristina de Kirchner. La entonación, aseguraban en el Gobierno argentino, fue de las mejores de todas las giras presidenciales. Sucede que gracias a los viajes kirchneristas, este himno es uno de los que más veces tuvieron que tocar, aseguran los músicos. Los directores de la banda afirman además que por orden de Hugo Chávez, pueden interpretar a la perfección la marcha de San Lorenzo, de San Martín y hasta la marcha peronista.

  • Curiosidades chavistas: Venezuela es el único país del mundo cuya hora oficial se mide con 30 minutos de diferencia que el resto de la humanidad. En comparación con Buenos Aires, ese país tiene un registro horario de una hora y media más. Según funcionarios caraqueños, el cambio se debió a la hora en que se despierta el bolivariano, a las 6.30. Como el presidente quiso que el día oficial comenzara cuando él mismo abre los ojos, el Legislativo local modificó el horario.


  • Cristina de Kirchner decidió descansar desde la llegada a esta ciudad en la tarde del lunes, hasta ayer. La idea era repasar algunos papeles, seguir de cerca varios temas de debate en Buenos Aires y revisar la cita que tendría hoy con Hugo Chávez. Pero fundamentalmente, la intención de la Presidente fue reponerse del bastante serio apunamiento que sufrió en Quito, Ecuador, que la tuvo a maltraer el lunes, mientras escuchaba el encendido discurso de asunción de Rafael Correa para un nuevo período.
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