14 de febrero 2014 - 00:00

Avatares de TV

Benjamín Vicuña (Pedro) se le reapareció como fantasma del amor a Graziani (Julio Chávez) en el último capítulo del drama de abogados “Farsantes”.
Benjamín Vicuña (Pedro) se le reapareció como fantasma del amor a Graziani (Julio Chávez) en el último capítulo del drama de abogados “Farsantes”.
Con un promedio de 12.9 puntos, terminó anteanoche "Farsantes" en Canal 13, sin poder superar los 15.7 de "Historias de corazón: Avenida Brasil", ese mismo día. A fuerza de la prolongación en el tiempo de manera exasperante, no ha de tener antecedentes, a nivel mundial, una teleserie que empezó como un vigoroso drama sobre los entresijos de los abogados y la corrupción judicial, al estilo "L.A.Law", pero que concluyó como "Estrellita, esa pobre campesina", en versión gay y straight al mismo tiempo. Quizá por el fervor que despertó en la audiencia la relación entre Graziani (Julio Chávez) y Pedro (Benjamín Vicuña), amén de los ciclotímicos idilios y rupturas protagonizados, satelitalmente, por la confundida Gabriela (Griselda Siciliani) y sus dos amores, y el inestable Marcos (Alfredo Casero), en su matrimonio, la serie se fue desbarrancado hacia un sálvese-quien-pueda del corazón, cuyas primeras víctimas fueron los guionistas. Así, en el inacabable derrotero de estos "Seis abogados apasionados en busca de autor", los personajes, y no sólo los secundarios, entraban y salían con la velocidad del rayo, y accesoriamente (según se publicó en la prensa cotillera) del humor que tuvieran en relación a Chávez. Evidentemente, así no es sencillo mantener la coherencia de un género. Lo visto en el último capítulo confirmó todos los temores. La aparición fantasmática del muerto, Pedro, fue un tanto menos glamorosa que la de Patrick Swayze en "Ghost-El fantasma del amor"): lo hizo en la cocina, mientras Graziani cortaba unas baguetes, mientras en la mesa esperaban los integrantes de su dispersa familia, tan azorados como los espectadores. El encuentro no duró mucho, Graziani fue liberado por las palabras del fantasma, y regresó a la mesa.

Gabriela, una de las azoradas a la mesa, venía de tomar una decisión. O mejor dicho, Graziani y Marcos la habían tomado antes por ella, aconsejándole que no se casara con Antonio/Osvaldo (Esteban Lamothe), quien finalmente quedó en su casa cuidando a su madre, Aída (Leonor Manso), que tomaba helado en la cama. La confundida abogada no tenía claro si debía esperar a Alberto (Facundo Arana), a la sazón en la cárcel y con dos semanas por delante ("no sé si me querrá cuando salga", se lamentaba la letrada). Es decir, la misma duda que persistió durante toda la serie, y que ni los guionistas ni ella pudieron dilucidar. Quien la resolvió fue la pelea entre Chávez y Arana, que motivó que este último la abandonara a ella. Y a la serie. Tanto malestar ha de haber quedado en el set que, cuando Graziani le aconsejaba a Gabriela no se embarcara en un matrimonio no deseando (con Antonio/Osvaldo), su pronunciación del nombre "Alberto" acusó un ligero temblor de rencor.

•Eso no fue todo: los elementos de suspenso de anteanoche mostraron a Mendoza (Mario Pasik), el aborrecido hermano, apuntando con una pistola a Graziani, mientras éste lo bravuconeaba, "matáme, dale, matáme". No estaba mal, como tampoco lo está (son recursos para prolongar ese suspenso) alternar la edición de una escena de ese tenor con otra situación dramática. Pero, ay, lo penoso fue la elección de esa contraescena: Marcos, con su aplastante humanidad, copulaba con su esposa --ahora con la pasión recuperada--, en el interior del baño del estudio, mientras los sorprendían su propia hija y Gabriela. Había que frotarse los ojos para creer en lo que se estaba viendo (los espectadores, no los personajes). El rapto amoroso continuó más tarde en un restaurante, con una contundente calificación de la hija sobre aquello que habían vuelto a hacer sus padres en otro baño, ahora el del restaurante, y hubo que esperar que tanta pasión concluyera para ver, de inmediato, cómo Mendoza también deponía su pistola, y la policía se lo llevaba. Dura lex, sed lex.

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