Aznavour, una voz elegante y sabia

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Último gigante de una generación que incluyó los nombres de Edith Piaf y Charles Trenet, fue autor de más de 800 temas y también actor de cine.

Francia no lo puede creer, tampoco Armenia, ni ese rincón de Palermo Viejo donde se congregan los armenios. En la madrugada de ayer murió Charles Aznavour, nacido Shahnourh Aznavourian. "Se fue tal como se iba del escenario, con elegancia y discreción", dijo Gérard Davoust, su editor y amigo a lo largo de 40 años. El miércoles habían almorzado junto con Jean-Paul Belmondo. El viernes, por teléfono, charlaron sobre el próximo álbum y el nuevo libro de recuerdos y pensamientos que estaba terminando. Un mes atrás anduvo de gira por Japón, y dentro de dos semanas iba a dar unos recitales en Bélgica y Francia. Medianamente recuperado de una doble fractura de húmero, ya estaba cerrando la agenda del 2019. Tenía 94 años.

Impresiona la energía que siempre tuvo este hombrecito de mirada melancólica y pasado tormentoso. Hijo de refugiados armenios, a los 10 años dejó la escuela y pasó a trabajar en el pequeño restaurante que tenía su padre. De él aprendió a ser agradecido, a descansar en Dios, y a cantar con sentimiento. Con el tiempo le dedicaría un libro: "Mi padre, ese gigante". El resto, lo aprendió en la universidad de la calle. Fue extra infantil en un par de películas, incursionó en una escuela de music-hall, escuchó a los buenos ("Yo aprendí, sobre todo, de Charles Trenet, Maurice Chevalier, Edith Piaf y Carlos Gardel", sintetizaba), se juntó en dúo con Pierre Roche, salieron de gira, y, cuando el otro se quedó en Canadá, Charles tuvo la suerte de convertirse en mano derecha de Edith Piaf.

A fines de los '40 empezó a ser apreciado como compositor. Era sentimental, profundo y melódico. Pero no sonaba exactamente como un cantante. Su estilo empezó a gustar recién hacia 1957. En 1959 ganó su primer premio como actor de cine, por "La cabeza contra la pared", de Georges Franju. La consagración fue un año después, con "Disparen sobre el pianista", de François Truffaut. "El paso del Rhin", "Un taxi para Tobruk", "Eran diez indiecitos" (junto a Alberto de Mendoza), "El tambor", "El maestro", "Ararat", "Papá Goriot", destacan también entre las casi 80 películas que hizo. Incluso había terminado de rodar una, que se estrenará en la próxima temporada, "Une revanche à prendre".

Su gran época fue a partir de los 60. De pronto se agolparon canciones, discos en diversos idiomas, películas, comedias musicales, giras mundiales, cuatro meses seguidos en el Olympia, ya en 1965. Era un ídolo cuando llegó acá en 1966, para cantar en el Teatro Opera. Y entre periodistas, empresarios y admiradores, en Ezeiza lo esperaban los pibes de la escuela Isaac Bakchellian, recién fundada, porque él nunca olvidó la tierra de sus mayores. Inclusive la representó durante muchos años, como embajador honorario. Y la última vez que estuvo aquí, en marzo del año pasado en el Gran Rex, empezó su recital cantando, precisamente, "Les inmigrants", uno de sus temas menos apreciados, pero más entrañables.

"La bohème", "Venecia sin ti", "Apaga la luz", el dramático "La mamma", "Formidable", "She", "Emmene-moi", son algunas de sus canciones mejor recordadas. En total escribió casi 800. Entre las últimas, "Yo abdicaré", con la que solía bromear cuando, a lo largo de los últimos diez años, se anunciaba una "última gira". Que pronto se volvía la anteúltima, y así. "Mi mujer me dice que la escena es mi amante. Y yo le contesto 'Sí, pero la escena no me cuesta dinero'", bromeaba. Al respecto, tuvo tres mujeres, seis hijos, y ningún discípulo. No es fácil que aparezca otro Charles Aznavour.

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