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Bajo fuego amigo, Filmus teme empeorar en balotaje
Debajo de la hojarasca por lo de Fito Páez -lo más difundido-, el candidato derrotado fue dañado por fuego amigo que destrató a los electores que, si quiere mejorar su performance en el balotaje, Filmus debe seducir.
Aníbal Fernández dijo que la Ciudad se parece a quien eligió para que la gobierne. No tuvo que agregar nada: sobre pocos dirigentes el ministro ha descargado la batería de desprecios que le dedicó a Mauricio Macri. Por analogía, valen para los casi 900 mil porteños que lo votaron.
Las palabras del jefe de Gabinete, una pura expresión de sus modos de trinchera, tuvieron eco en otra voz más sofisticada: Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, y uno de los ordenadores del «think thank» de intelectuales K que pretende ser Carta Abierta. El funcionario, que confesó que tuvo un «sentimiento de profunda angustia» tras conocer la ventaja de casi 20 puntos, cuestionó a los votantes de la Capital porque, dijo, reflejan que en la Ciudad prima una «ideología tacaña, particularista, defensiva y egoísta».
«La Ciudad se convirtió en una sociedad sin ver a los otros, de espalda a Latinoamérica, a los nuevos inmigrantes, es muy difícil ser boliviano o peruano en la Ciudad, y no tendría que serlo», dijo.
Discurso contraproducente
La secuencia, sumada a la de Páez, no pudo tener mayor eficacia: para Macri. Mientras Filmus trata de atraer a votantes medios, que fueron a Pino Solanas o a la Coalición Cívica en el primer turno, el planteo K es poner en duda el criterio de esos electores.
Ayer, el candidato hizo malabares para no desatar otra tempestad de la Casa Rosada que antes le había cuestionado su supuesta tibieza y, con el resultado puesto, objetaron el tono, el discurso y el formato de la campaña que consideraron «conservadores».
Evitó hablar de las definiciones de Fernández, González y Páez, la peor estrategia posible para la segunda vuelta. Lo sugirió Gabriela Cerruti -que se tomó unos días de descanso- cuando objetó que se cante la marcha peronista y ayer se sumó Aníbal Ibarra, que retrucó los cuestionamientos del jefe de Gabinete.
Luego de esa metralla, Balcarce 50 intervino para suprimir las dudas. Florencio Randazzo ofició de portavoz: «De ninguna manera se va a bajar del balotaje», dijo ayer el ministro y repitió la ráfaga de lugares comunes sobre el criterio de «buena elección».
«El Frente para la Victoria hizo una muy buena elección y nos disponemos a participar de la segunda vuelta con muchas expectativas de ganar la Ciudad», aseguró Randazzo y se cuidó de no embestir contra los votantes de Macri.
Así y todo, según evaluaban ayer cerca del candidato, el impacto de esa avalancha K contra el voto porteño podría tener una consecuencia directa y deteriorar las de por sí escasas chances del FpV de obtener un resultado competitivo el 31 de julio.
Ayer, mientras crecían las objeciones a las críticas K a los porteños, Filmus compartió una cumbre con Carlos Tomada, el presidente del PJ Juan Manuel Olmos y dirigentes de La Cámpora para sellar una tregua luego de las facturas cruzadas entre los distintos sectores.
Olmos, protegido por Víctor Santa María, fue acusado de «jugar a medias» por sectores K que recordaron que fue relegado a un lugar inaccesible en la lista de legisladores porteños. En paralelo, el peronismo volvió a objetar el armado de esa boleta y la representatividad electoral de sus integrantes.
En ese encuentro (ver pág. 13) además de catarsis y la promesa, insistente de Filmus, de llegar al balotaje, hubo un compromiso entre los tres candidatos -la fórmula y Juan Cabandié- para mantenerse unidos en el tramo hasta la segunda vuelta a fin de julio.
Ese capítulo cruza, también, la cima del poder K. El fallido resultado del domingo en Capital ubicó en el blanco de todas las críticas a Carlos Zannini, responsable operativo de las decisiones tomadas por Cristina de Kirchner respecto de candidatos y armados.
Un duelo que parecía saldado reapareció en estas horas: la antigua batalla entre Zannini y Julio De Vido, a quien se atribuye querer explotar la serie de conflictos en los que quedó envuelto el secretario de Legal y Técnica para recuperar espacio e influencia sobre la Presidente.
Forma parte, de todos modos, de un simulacro: las decisiones últimas fueron obra exclusiva de la Presidente, y Zannini fue, apenas, un ejecutor. Por supuesto, nadie dentro del universo K cuestionará a la Presidente, por lo que, en parte para protegerla, se debe sindicar a Zannini como el mariscal de la derrota.
Una ficción que daña a Filmus, que sigue, mientras por Casa Rosada desfilan deportistas, empresarios y dirigentes, sin pase VIP para aparecer junto a Cristina de Kirchner, la que lo bendijo candidato, aunque, ahora, el relato K se olvide de ese detalle.


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