Banco Itaú: las sombras detrás de las luces

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Objeto social: "Financiera e inversión"

Reiteramos lo que venimos diciendo al comentar en esta columna otras entidades financieras. El cambio a las normas NIIF que se opera este año, si bien es bienvenida por la mayor transparencia y simplificación en el análisis contable que entrañan, complica la evaluación intemporal, máxime cuando muchas sociedades han optado por "no ajustar hacia atrás", o hacerlo solo de manera parcial. Es así que hasta que llegue 2019 y tengamos datos completos, hemos optado por apelar al ND (no disponible) en los cuadros que acompañan estos comentarios, cuando no encontramos datos confiables en la información de las sociedades. En el caso de la que nos toca hoy, que a diferencia del resto no nos proporciona en este contable "datos físicos" para elaborar escenarios, tal vez la mejor pista de por donde camina pasa por su proyección a futuro que habla de una "fuerte inversión prevista" destinada a proyectos apuntando a: la construcción de un banco digital (lo que implica un menor interés en el desarrollo de la banca tradicional), mejorar la cobertura de su red de sucursales (lo que sugiere la necesidad de hacerlo) y la construcción de la Marca Itaú (una admisión tácita de las falencias de la empresa en este sentido).



Pasando a los números del balance de estos seis meses de 2018 (que como aclaramos mas arriba sufren el efecto del salto a las normas NIIF), la vemos con un ingreso operativo neto de $3.472 millones, 28% mayores a los de junio del año previo (debajo del 29,3% de incremento en el IPC y el 75% del dólar) y egresos por $2.611 millones (27% más, la clave: el bajo incremento en los gastos por beneficio al personal, 22%). De este "mix" queda con un saldo operativo de $860 millones que luego de la tajada del fisco -de aportar antes un 33% pasó ahora a contribuir 27% de lo ganado- le significan un neto de $681.399.000 esto es 54% mas que doce meses antes.



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