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Barrionuevo volvió a “conspirar” en la costa
El gastronómico dedicó esa tertulia, que repite años tras año, a su hobby político preferido: petardear al Gobierno, pronosticar el triunfo del bonaerense en la presidencial de octubre y definir el libreto de su sector gremial, la CGT Azul y Blanca.
Duhalde, a quien junto a Gerónimo «Momo» Venegas sostiene desde el ala sindical, hizo su propia campaña: «Les pido que golpeen puerta por puerta para avisarles a los trabajadores que el 10 de diciembre yo juraré como el nuevo presidente de los argentinos».
Campaña propia
Aplaudían, a su lado, Barrionuevo, Venegas, Ramón Puerta y una larga ristra de caciques sindicales del barrionuevismo: Carlos Acuña (Estaciones de servicio), Ángel García (Seguridad privada), Rubén Corbalán (Perfumistas), Luis Cejas (Viajantes) y, entre otros, Horacio Valdez (Vidrio).
Mesa de hombres que no reservó lugares para Graciela Camaño, esposa del anfitrión y precandidata a la gobernación bonaerense por el Peronismo Federal ni, tampoco, para Chi-che Duhalde, esposa y vocera ad hoc del candidato.
«Por más que nos ataquen, el peronismo va a volver a ser Gobierno», dijo el bonaerense en referencia a que él es el verdadero peronismo. Antes, Barrionuevo, a la hora de los saludos iniciales, animó a la muchachada: «Les presento al próximo presidente», dijo.
El gastronómico le dedicó, también, un párrafo a Venegas al pedir un gesto de solidaridad por los ataques que recibe del Gobierno en referencia a los casos, múltiples, de trabajo rural infantil y en condiciones de esclavitud. Venegas es, se sabe, el titular del gremio de los peones.
Advertencias
A su turno, el «Momo» se dedicó a las advertencias internas. «Al futuro presidente -se despachó Venegas- le pido que mire bien las caras de los que están acá para que las tenga en cuenta el 10 de diciembre, porque después van a aparecer otros, que ahora conspiran contra el peronismo, que querrán estar a su lado. A ésos mándelos a hacer fila».
Al ritual clásico de asado y vino tinto, con champán para el brindis -la hielera que usó Musto tenía impresa la marca de ese espumante-, lo siguió la marcha peronista y los coreos, repetidos, sobre lo que dicen sentir sobre quien será el futuro presidente.
Local y, como tal, dueño de casa y del micrófono, Barrionuevo también se dedicó a descargar pólvora sobre Carlos Tomada, a quien llama despectivamente por su particular modo de hablar. «Aunque diga lo contrario, ningún gremio va a pedir menos del 30%», dijo, sibilino, el gastronómico.
Volvió a pedir los «3.500 millones de nuestras obras sociales» y adelantó, sin invocar fuente, que a mitad de año el Gobierno destrabará mil millones de esos fondos. «Pero no firmen nada: los que manejaron eso están procesados, y cuando los jueces no le respondan más al Gobierno, van a terminar mal».
Después del helado paró de llover.


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