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Bax, otro pianista de lujo en el Mozarteum
El público del Teatro Colón pudo disfrutar plenamente al fin del pianista Alessio Bax, que acompañó hace dos años a Joshua Bell.
Hace dos años, el recital que Joshua Bell brindó en el Colón para el Mozarteum dio la oportunidad de conocer a Alessio Bax, pianista nacido en Bari y radicado en Estados Unidos, quien se reveló aquella vez como un partenaire finísimo y de gran musicalidad. Este año, de la mano de la misma institución, Bax volvió para ofrecer en soledad un programa casi maratónico que puso de manifiesto otras aristas de su interesante personalidad artística.
Si bien su performance fue, de principio a fin, impecable, hubo a lo largo del camino una suerte de "crescendo" de audacia que también se sintió en la respuesta del público. El recital se adentró en primera instancia en los terrenos más conocidos, con la Sonata opus 27 número 2, más conocida como "Claro de luna", de Beethoven: aquí Bax exhibió su particular cuidado en la articulación del discurso musical en todas sus inflexiones, pese a que el tempo algo precipitado del movimiento final restó claridad a este pasaje. Le siguió un "bloque ruso" hecho de contrastes y conformado por el vital "Hopak" de "La feria de Sorochinski" de Mussorgsky en transcripción de Rachmaninoff y dos preludios de este último compositor: el opus 32 Nº 5 y el opus 23 Nº 5, en el que el pianista comenzó a desplegar su potencia arrolladora. El lirismo de su toque, por otra parte, asomó en las célebres "Penas de amor" y "Alegrías de amor" de Kreisler, también en transcripción de Rachmaninoff.
La segunda parte se reservó para un monumento pianístico que gracias a la orquestación definitiva de Maurice Ravel se transformó luego en monumento sinfónico: los "Cuadros de una exposición", de Modest Mussorgsky, compuestos en homenaje a su amigo, el pintor Viktor Hartmann. El toque y la musicalidad de Alessio Bax, capaces de ir desde las texturas más ligeras y translúcidas hasta la contundencia más extrema, se fue amoldando como un guante a la variedad de exigencias de esta serie. Para el final, dos obras fuera de programa que confirmaron la estatura interpretativa del pianista: el "Preludio para la mano izquierda" de Scriabin y la "Danza húngara
Nº 5" de Brahms.

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