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Bazuka del Banco Central Europeo
José Siaba Serrate - Economista
Sin los cascabeles del marketing de la Fed (o del Banco de Inglaterra), el BCE se embarcó desde noviembre en un viraje abrupto de política. La suba de tasas de interés que pergeñó Jean-Claude Trichet se canceló por completo tras sendos recortes que devolvieron la tasa refi a su piso del 1%. Pero como los canales de transmisión de la política monetaria están averiados -la desconfianza redujo a un mínimo el funcionamiento del mercado interbancario y escasea el colateral libre de mácula- ninguna medida es más potente que abrir los grifos de la liquidez directamente del Banco Central a cada entidad, y suministrarle los recursos que precise (hasta el tope de garantías que pueda aportar) por el plazo generoso de tres años. No en vano 523 bancos se anotaron. Se comprende que no es del gusto alemán pavonearse por estos menesteres -los medios de Berlín tildan la operación de audaz (como sinónimo de riesgosa) y abren el gastado paraguas de que puede conducir a un desliz de la inflación- y, por eso, el BCE -que no quiere irritar a nadie- no lo ha dicho con todas las letras: la iniciativa equivale, a grandes rasgos, a una expansión instantánea de casi el 10% de la hoja de balance de la institución. No es exactamente la gran bazuka que pedían Geithner y Cameron, pero tampoco es el habitual disparo del rifle de aire comprimido (que, para peor, más tarde se esteriliza). Y hay más en el tubo: otros 100 mil millones de euros quedarán disponibles cuando se efectivice la rebaja de los encajes bancarios al 1%.
Tampoco hay que comerse las picardías latinas que se sirven en Fráncfort. Era vital para el Banco Central que la subasta arrojara como saldo un número contundente. Y, en ese sentido, lo infla una capa de maquillaje. En las reuniones previas, las autoridades sugirieron cortesmente la conveniencia de presentarse. En España, por citar un ejemplo, la recomendación era fondear todos los vencimientos de pasivos de 2012 y 2013 entre esta subasta y la de febrero. El problema de los bancos -y también de los bancos centrales nacionales- era el del «estigma», el quedar marcados con una señal de vulnerabilidad por abrevar en la asistencia oficial. De ahí que el BCE difundió la información agregada, sin detalle de instituciones ni montos individuales o por país. Dependerá de la estrategia de cada firma ventilar o no su participación (el español BBVA ya ha dicho que tomó los 10 mil millones de euros que le vencen el año entrante). Con esa lógica estudiada, el BCE publicitó la cifra de la subasta en bruto -489 mil millones de euros- y nada dijo del efecto monetario neto que, siendo importante es inferior, y roza los 210 mil millones de euros. Asustarse por estas cifras -cualquiera de ellas- y desayunarse a partir de allí de la gravedad de la situación es como descubrir, a esta altura, el número ganador de la lotería de Navidad del año pasado. Antes de la subasta, el BCE ya le había prestado a los bancos bajo su órbita 665 mil millones de euros. Desde julio -cuando el contagio de la crisis involucró de lleno a Italia- la cuenta trepó en 210 mil millones de euros. Este miércoles, de un saque, sumó otros 210 mil millones netos (de mayor duración). Ahora bien, el sistema financiero no está tan dañado como lo sugiere ese guarismo: ocurre que el mercado interbancario no funciona y el BCE debe sustituirlo. Los excedentes de liquidez no se distribuyen y se colocan en la seguridad del banco central: los bancos tenían la semana pasada 214 mil millones de euros en la facilidad de depósito. La novedad no es, pues, lo endeble que están los intermediarios financieros europeos. Sino la voluntad tardía pero todavía oportuna de ponerle coto a la situación.
¿Será éste el primer paso efectivo para despejar el horizonte, no sólo de la banca, sino de la deuda pública de Europa? Queda claro que el BCE está dispuesto a prestarle a los bancos sin más límite que un colateral decente (con una definición cada vez más laxa de decencia). En febrero, cuando se realice la segunda subasta de repos a tres años, la asistencia superará el billón de euros. ¿Cuánto suman los préstamos a la banca otorgados por la Fed en EE.UU.? No llegan a los 9.600 millones de dólares. ¿Dónde está el truco? La Fed tomó el camino más corto: acumula 2,6 billones de dólares en bonos públicos (y de agencia, o sea cuasi públicos) en cartera. El BCE se resiste y apenas compró 211 mil millones de euros en deuda soberana. La Fed cortó el problema de raíz. El BCE no quiere ensuciarse las manos. Debe, pues, lidiar con sus consecuencias sobre la banca. ¿Podrá desandar el camino, inyectarle a los bancos la liquidez para que ellos, a su vez, estabilicen la deuda pública? Ya se dijo: a los bancos les falta capital. Pero podrían ser la bujía que encienda el chispazo que acerque a otros inversores. Lo que el BCE logró es ese primer chisporroteo alentador.


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