5 de mayo 2017 - 00:00

BCRA: el peso no debiera ser único recurso

BCRA: el peso no debiera ser único recurso
¿Cuál es la moneda argentina? El BCRA quiere dominar la inflación controlando exclusivamente la oferta de dinero. Insiste que la inflación se contiene equilibrando la emisión de dinero con la demanda. En este entendimiento se juega el proclamado objetivo del 17% anual de inflación (1,013% mensual).

¿Cuáles son las chances? Primero recordemos que los principales bancos centrales del mundo, la Fed, el BCE y Banco de Japón, desde hace varios años, están tratando de lograr una inflación del 2% anual. Llevan varios años en el intento sin éxito. La inflación de esas monedas es inferior, no alcanza al objetivo deseado por sus autoridades. Reconocen que la política monetaria no es el único determinante de la inflación en el mediano plazo; además utilizan dos índices de precios, uno más volátil que el otro.

Antes de anunciar proyecciones de inflación, las autoridades debieran plantearse cuáles son los instrumentos idóneos. Si piensan que la moneda es la única variable a controlar, debieran considerar primero cual es la moneda relevante, o si existe tal moneda. Los especialistas reconocen que la moneda cumple tres funciones: (1) medio de pago o de cambio, (2) depósito de valor y (3) unidad de cuenta.

El uso de una moneda se nutre de la confianza, de la previsibilidad de su valor, en el tiempo y lugares. La moneda argentina sufrió demasiados cambios. Pasamos del peso moneda nacional, al peso Ley, el 1/1/1970. En 1983, por la gigantesca inflación, circulaban billetes de un millón de pesos Ley. Cuando decidieron reemplazarlo por el peso argentino. En 1985, el proceso inflacionario fue requiriendo mayores denominaciones hasta que fue sustituido por el austral. De nuevo, la inflación impulsó un nuevo signo, el peso, la moneda actualmente emitida por BCRA. Equivale a 10.000.000.000.000 de pesos moneda nacional, el signo monetario anterior a 1970. Nuestra experiencia es que las autoridades no cuidaron la moneda. Y es entendible tener cierto escepticismo en el futuro desempeño del peso.

Como institución, el peso no parece gozar de una historia que justifique su uso en las tres funciones de la moneda. Las autoridades no mantuvieron comportamientos compatibles con la estabilidad monetaria. Fundamentalmente, fue el déficit fiscal, el desorden de los funcionarios del estado en las cuentas públicas, y la desprotección de la propiedad privada. Recordemos devaluaciones masivas, reprogramaciones de deudas y créditos, corralitos, cepos, y cuantos arbitrios puedan imaginar para degradar la propiedad y derechos individuales. Esto explica, en parte, porqué no tenemos una moneda que cumpla las tres funciones enumeradas arriba. Los residentes en la Argentina emplean el peso en muchas transacciones. Pero no en la compra de inmuebles ni de empresas, entre otros activos. Buena parte de los depósitos bancarios y de las obligaciones del estado y empresas se denominan en dólares. Por ello, el peso no es la única ni principal moneda en la Argentina. Nos interesa tanto la inflación medida en pesos como la medida en dólares. Y el control de un peso de utilización parcial, sustituible por el dólar, según la actividad, no debiera ser tan crítico. Por ejemplo, ¿qué les interesa más a los inversores extranjeros en bonos del estado? El rendimiento en pesos, descontado por la inflación en pesos, o el rendimiento en dólares, que es su verdadero costo de oportunidad, cuando rinden cuentas a sus accionistas y mandantes? Esta no es una cuestión ociosa. Estos inversores no necesitarían que las tasas sean positivas en pesos. Bastaría que rindiesen más que otras colocaciones, en otras partes del planeta.

La pretensión de tener una tasa de interés en pesos superior a la inflación en pesos carecería de sentido si a los compradores de bonos les bastara con obtener un rendimiento favorable en dólares. A buena parte de los demandantes no bancarios de bonos y obligaciones en pesos les alcanza con que el rendimiento en pesos supere a la devaluación del peso. Para muchos, quizás una mayoría de los tenedores de bonos, las tasas en pesos son irrelevantes.

Hasta ahora, BCRA no ha cumplido su proyectada meta: la inflación mensual de los precios en pesos al consumidor, promediando 2% mensual,es casi el doble de lo prometido (ver gráfico).

El índice de precios al consumidor, expresado en dólares, aumentó 7,7% en los 11 meses que van de abril 2016 a marzo 2017, una tasa anualizada del 8,4%. La mayor inflación en dólares del planeta.

Una tasa de interés en pesos innecesariamente elevada impacta en los niveles de actividad, ocupación y tipo de cambio. La frustración de no lograr lo anunciado y a costa de pagar demasiado en intereses, engrosa la deuda pública, falta de empleo, pobreza y demanda interna.

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