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Bélgica tuvo tardía fiesta de Año Nuevo
Walter Weller, al frente de la Orquesta Nacional de Bélgica, dirigió en Bruselas en el concierto de Año Nuevo.
En un clima distendido y para un auditorio multitudinario (mucho más del que había asistido la noche anterior a ver y escuchar a Hilary Hahn), la ONB mostró su solidez, su ductilidad y su profesionalismo para un repertorio que si bien está considerado «poco trascendente», merece el tratamiento minucioso que Weller parece haberle otorgado, a jugzar por lo que se pudo apreciar.
Sólo en la primera de las tres «Danzas Húngaras» de Johannes Brahms (el autor alemán estrechamente ligado a Viena y especialmente a Johann Strauss hijo, con quien trabó una célebre amistad) seleccionadas se advirtieron rispideces sonoras, más puntualmente en las maderas agudas. A lo largo de todo el resto del extenso concierto y de todas las secciones la ONB fue un instrumento de altísima calidad, potenciada por la muy buena acústica de la sala.
Bien logrados los efectos especiales que algunas de estas piezas comprenden, a cargo de la percusión: los disparos en la polka «Auf der Jagd» de Johann Strauss hijo, los yunques (con divertido vestuario y «acting» incluidos) en «Feuerfest», el látigo en «Jockey Polka», ambas de Josef Strauss, y los silbatos de tren en «Bahn frei!» de Eduard Strauss. En síntesis, dos horas de música despreocupada para un audiencia despreocupada, en las manos expertas de Weller y la ONB.
* Enviada Especial


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