19 de abril 2010 - 00:00

Bella “Giselle” inauguró el año de ballet del Argentino

Bien acompañados por los integrantes del Ballet Estable del Teatro Argentino de La Plata, Iñaki Urlezaga volvió a brillar como Albrecht y la bailarina rusa Anastasia Kolegoba fue una brillante Giselle.
Bien acompañados por los integrantes del Ballet Estable del Teatro Argentino de La Plata, Iñaki Urlezaga volvió a brillar como Albrecht y la bailarina rusa Anastasia Kolegoba fue una brillante Giselle.
«Giselle». Ballet en dos actos. Coreog..: J. Coralli, J. Perrot y M. Petipa. Versión de G. Mollajoli. Mús.: A. Adam. Esc. e ilum.: J. C. Greco. Vest.: E. Caldirola. Ballet y Orq.Estables del Teatro Argentino de La Plata. Dir. del ballet: R. Lastra. Dir. orq.: C. Calleja. En el Teatro Argentino.

El ballet del Teatro Argentino de La Plata inauguró su temporada con la reposición de «Giselle», en la versión que Gustavo Mollajoli trabajó sobre los originales de Coralli, Perrot y Petipa.

«Giselle» centraliza en su argumento (de Saint-Georges, Gautier y Coralli) y en su trazado dancístico algunas de las características más salientes del romanticismo coreográfico del siglo XIX (la obra es de 1841). Estructurada en dos actos, la primera parte es realista, inspirada en las leyendas populares del valle de Turingia, con escenas de locura y muerte incluidas (cercano al mundo operístico del que Adam, el compositor de la música de «Giselle», fue ilustre representante). La segunda parte, jugada en el reino de las Willis, las fantasmas de las doncellas muertas, donde los protagonistas bailan hasta que el amanecer desdibuja sus siluetas, conforman una historia ideal para un desarrollo donde música y acción se enlazan perfectamente.

El Teatro Argentino de La Plata posee una bella producción visual del icónico ballet. La escenografía y la iluminación de Juan Carlos Greco y el vestuario de Eduardo Caldirola son espléndidos, aunque los primeros muestren, por momentos, un exceso de barroquismo bucólico. La coreografía original de los coreógrafos franceses fue cuidada hasta en los más mínimos detalles para lucimiento del Ballet Estable, que dirigido por Rodolfo Lastra, cumple un trabajo impecable. Su ejemplo más brillante en la actuación del cuerpo de baile femenino en el acto blanco (segunda parte de la obra).

En esta oportunidad hubo cinco funciones en total. Para algunas de ellas fue invitado Iñaki Urlezaga para animar su conocido y admirado rol de Albrecht, pletórico de sutilezas dramáticas y excelencias técnico-virtuosísticas. De Rusia se llamó a la estupenda bailarina Anastasia Kolegova, digna emergente de Academia Vaganova de Ballet Ruso, en el 2000. Su trabajo sensible, hecho de teatralidad y carisma, se complementó con una plenitud técnica de excepción, digna de la escuela de la que proviene. Kolegova encarnó una «Giselle» brillante en todo sentido. Una auténtica estrella de la danza con un exacto physique du rol para animar a la delicada y sacrificada protagonista.

Trabajos individuales como los de Víctor Filimonov (Hilarión), Alejandra Baldoni (Myrtha) y Agustina Verde y Martín Quintana (Pas-de-Paysan) en la función que presenciamos, resultaron adecuados para acompañar a las estrellas invitadas sumados a todo el elenco que bailó con unción los trazados coreográficos de «Giselle». Muy bien la Orquesta Estable con la conducción de Carlos Calleja, embarcado en una propuesta que conoce en profundidad, obteniendo de los músicos una sonoridad compacta, disciplinada y con halo poético según los dictados de la conmovedora partitura de Adolphe Adam, que abrió de manera auspiciosa la temporada 2010 del teatro platense.

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