25 de abril 2013 - 00:00

Bellísimas cuerdas distinguen a la Sinfónica de Lituania

La Orquesta Sinfónica Nacional de Lituania se destacó por la suntuosidad de sus cuerdas y, aunque menos perfecta, se lució también su sección de maderas.
La Orquesta Sinfónica Nacional de Lituania se destacó por la suntuosidad de sus cuerdas y, aunque menos perfecta, se lució también su sección de maderas.
Orquesta Sinfónica Nacional de Lituania. Director: Vladimir Lande. Solista: Xiayin Wang (piano). Obras de J. Strauss (h), G. Gershwin y J. Brahms (Nuova Harmonia, Teatro Coliseo, 22 de abril).

Con un programa sin sobresaltos, la Orquesta Sinfónica Nacional de Lituania abrió, en su primera gira sudamericana desde su creación en 1940, la temporada de Nuova Harmonia. Y si bien su performance fue en rasgos generales muy esmerada, en caso de deber resaltarse un aspecto de su actuación éste sería indudablemente la voluptuosidad de su cuerda.

Así quedó en evidencia desde la siempre eficaz obertura de la opereta "El murciélago" de Johann Strauss (hijo), llevada adelante con un apropiado sentido del rubato por el director Vladimir Lande. Los temas que desfilan por esta pieza (que responde al modelo de "obertura popurrí) fueron hilvanados con brillo y gracia.

Para la interpretación del "Concierto en fa" de George Gershwin, la versátil orquesta lituana y su extrovertido director sumaron a la pianista china Xiayin Wang. Especialmente brillante en los pasajes "percusivos", la solista se amalgamó totalmente al ensamble instrumental y su "swing" se extendió hacia el primero de los bises, "I got rythm", del mismo compositor, al que sucedió una intrascendente melodía china.

En la segunda parte, los músicos lituanos ofrecieron una contundente versión de la "Sinfonía en mi menor" opus 98, cuarta de las escritas por Johannes Brahms. También aquí el brillo y la suntuosidad de los arcos fue un pilar para el despliegue de la magistral arquitectura brahmsiana, y (aunque menos perfecta) se destacó también la sección de maderas; de la solemnidad a la melancolía, de la transparencia a la vehemencia, Lande y su gestualidad segura y clara tradujeron en expresividad y gesto el legado del compositor alemán.

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