14 de diciembre 2009 - 00:00

“Bergman quería filmar comedia pero no le salía”

Stig Bjorkman: «Bergman era un hombre de muy buen humor. A veces reía mucho en los rodajes antes de filmar una escena muy dramática».
Stig Bjorkman: «Bergman era un hombre de muy buen humor. A veces reía mucho en los rodajes antes de filmar una escena muy dramática».
En sueco, Stig significa senda, camino que marcan los conocedores del lugar. Suena adecuado, entonces, que así se llame un conocido difusor sueco de Ingmar Bergman, Stig Bjorkman, quien vino a inaugurar en el Centro Cultural Borges un ciclo bastante completo y una «instalación» parecida a una columna de alumbrado con brazos de palmera, de los que cuelgan cuatro pantallas que difunden un compilado de imágenes, frases y entrevistas dedicadas al recordado autor. Dialogamos con Bjorkman.

Periodista: ¿Es cierto que en 1964 usted se inició simultáneamente como arquitecto, crítico y cineasta?

Stig Bjorkman: Ya había empezado a escribir, siendo estudiante. En 1964 me recibí de arquitecto, profesión que ejercí muy poco, asumí como editor en jefe de la revista «Chaplin», cargo que mantuve ocho años, e hice «Letizia», una pequeña comedia con una joven modelo sueca. Mi faro era Godard, no tanto por el estilo, sino porque él trabajaba, y vivía, con una modelo danesa muy linda, Ana Karina.

Acercamiento

P.: ¿Y cuándo se acercó a Bergman?

S.B.: Cuando salió el libro de François Truffaut «El cine según Hitchcock» (conversaciones muy analíticas entre el viejo maestro y el joven crítico y cineasta), dos colegas y yo decidimos hacer algo parecido. Así nos presentamos a Bergman, que nos atendió amablemente, y aceptó la idea. Él era amable con todo el mundo, fueran estrellas, utileros, o críticos. Durante largos meses hablamos en detalle de cada uno de sus films hasta ese momento («La pasión de Ana», 1970), y también de sus gustos de niñez y juventud.

P.: ¿Y de los turbulentos aspectos familiares y políticos?

S.B.: Sobre eso prefirió escribir él mismo, recién años más tarde, en sus memorias. Cierto que antes de publicarlas decidió cortar un poco, no mucho, porque se hacían muy largas. Pero ya en sus manuscritos había evitado asentar algunas anécdotas u opiniones desagradables sobre alguna gente. Me dijo que era inútil hablar de eso. Si no podía hablar bien de alguien prefería no mencionarlo.

P.: En sus películas de ficción, usted dirigió a varias figuras bergmanianas.

S.B.: Harriet Andersson, Erland Josephson, Liv Ullmann, sí, algunas. Con ellas y con todos he seguido los consejos de Bergman. Ser amistoso, afectuoso, pedir por favor, no imponerse de mal modo, entender que rodar una escena es como cuando uno jugaba con los demás chicos en el patio del fondo. Por eso el título de mi nuevo corto, «Imágenes desde el patio», con tomas qué él mismo había hecho con una camarita durante el rodaje de «Cuando huye el día».

P.: Lo vimos en el Festival de Mar del Plata. ¿Cuántos films hizo usted sobre Bergman?

S.B.: «Ingmar Bergman», 1971, siguiendo el rodaje de «El toque», «Imágenes desde el patio», 2009, y ahora preparo otro con material recopilado de «Cuando huye el día».

P.: Lo vimos en el Festival de Mar del Plata. ¿Cuántos films hizo usted sobre Bergman?

S.B.: «Ingmar Bergman», 1971, siguiendo el rodaje de «El toque», «Imágenes desde el patio», 2009, y ahora preparo otro con material recopilado durante los rodajes de diez films, desde «Vergüenza» hasta «Saraband», que fue su despedida. Estoy pidiendo a diez directores actuales que elijan una película cada uno, para comentarla. Ya cuento con Bernardo Bertolucci, Lars von Trier, Olivier Assayas, Arnaud Desplechin, Tsai Ming-liang, antes hablé con Ang Lee, y ahora voy a Nueva York para confirmar a Woody Allen y Martin Scorsese.

Woody Allen

P.: Usted podría hacer todo un libro sobre las referencias bergmanianas en algunas obras de Allen.

S.B.: Sí, como «La última noche de Boris Grushenko» «La otra mujer» con Gena Rowlands (hice un libro sobre ella) y «Los secretos de Harry», que se inspira en «Cuando huye el día», sólo que esta vez el personaje tiene acompañantes impresentables. Bergman y Allen se apreciaban mucho. El título de esta instalación, «El hombre de las preguntas difíciles», corresponde al título del bellísimo artículo que Allen escribió en el «New York Times» al enterarse de la muerte de Bergman.

P.: Su maestro también supo lucirse como comediógrafo en «Confesión de pecadores» y la deliciosa «Sonrisas de una noche de verano» (también «citada» por Allen). ¿Por qué prácticamente solo se dedicó al drama?

S.B.: Intentó hacer otra comedia, y le puso muchas ilusiones, «Ni hablar de las mujeres», casualmente de 1964, pero, por alguna razón, no le salió tan lograda. Él creía que iba a ser cómica, y el público se sintió más bien perplejo. Eso lo empujó a seguir con los dramas. Curiosamente, le gustaba reír, y en muchos back stages aparece bromeando, muy distendido, mientras prepara una escena tremendamente fuerte. Le diré que amaba esos momentos de trabajo, y hasta parecía más contento con sus colaboradores que con sus familiares. (tuvo cinco suegras, y nueve hijos, uno de los cuales murió antes que él).

P.: ¿Usted también ha sido tan prolífico?

S.B.: Bueno, he escrito abundantes notas y demasiados libros (incluyendo aquel «Conversaciones con Ingmar Bergman», ed. Anagrama), traduje los subtítulos de demasiadas películas, escribí muchos guiones para películas que después no se hicieron, hice menos de las que hubiera querido, viajé bastante, fui docente durante un tiempo. En fin, lo normal.

Entrevista de Paraná Sendrós

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