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Berlusconi cede algo en la ley antiprensa
Silvio Berlusconi sonríe ayer en su visita al entrenamiento del equipo de fútbol Milan. Il Cavaliere no quedó conforme con la modificación a la norma calificada como una «ley mordaza».
El subsecretario de Justicia, Giacomo Caliendo, fue el encargado de presentar la reforma, gesto que el ala disidente del oficialista Pueblo de la Libertad (PDL) reconoció como una victoria propia.
En el texto conocido ayer se subrayó que «la obligación del secreto para las escuchas cae cada vez que se valore su relevancia».
La introducción de esta enmienda en el proyecto de la normativa, que el próximo 29 de julio llegará a la sesión de la Cámara baja, suaviza las críticas que había recibido la iniciativa de parte de la Federación de la Prensa de Italia (FNSI).
Los jueces y fiscales podrán decidir si una escucha es relevante o no -y entonces abrir las puertas a su publicación en los medios de comunicación- durante la llamada «audiencia-filtro», que tiene lugar en la fase de la investigación preliminar de un caso.
En la enmienda se indican asimismo los modos técnicos para seleccionar las escuchas relevantes y se establece la prohibición de transcribir parde conversaciones que impliquen a hechos, circunstancias o personas ajenas a las
investigaciones.
El ala del PDL próxima al presidente de la Cámara de los Diputados, Gianfranco Fini, cada vez más distanciada de Berlusconi, expresó ayer su satisfacción por el hecho de que con esta enmienda «caiga la mordaza». Fini tuvo un origen político en el neofascismo, pero fue virando sus posturas hasta ser considerado hoy un virtual aliado de la desorientada centroizquierda.
«Ha sucedido una cosa normal. Ha habido diálogo, debate, también encendido, pero habíamos pedido al Gobierno que viniera a trabajar al Parlamento y hemos ganado nosotros. Nosotros, los finianos, trabajamos para que el Parlamento tenga esta relevancia», comentó Maria Grazia Siliquini, del PDL y miembro de la Comisión de Justicia del Parlamento, en declaraciones que repitieron los medios locales.
Quien no parecía nada conforme con la modificación era el propio Berlusconi: «Italia no será un país verdaderamente cívico como, por ejemplo, la muy democrática Inglaterra», indicó.
«Aquí es todo un escándalo absoluto: una persona privada, sin haber cometido ningún delito, puede ser objeto de grabaciones y ver cómo las conversaciones terminan en los periódicos», aseveró el mandatario, quien, según sus críticos, propuso la norma a su medida, como otras ya sancionadas.
Sin embargo, la modificación anunciada parece poner fin al último motivo de división interna dentro del partido de Berlusconi, que hizo sonar campanas de una escisión en la formación luego de que fuera aprobada por el Senado.
La llamada «ley mordaza», que motivó una huelga de periodistas el 9 de julio, prevé condenas de hasta 30 días de cárcel o sanciones de hasta 10.000 euros para quienes publiquen durante las investigaciones escuchas no autorizadas, y fija multas de entre 300.000 y 450.000 euros para los responsables de medios que las difundan.
A mediados de 2009 se conocieron grabaciones realizadas por una amante de Berlusconi, que reflejaba momentos íntimos de la pareja. Estos audios formaban parte de una investigación por corrupción a un empresario allegado al premier. Casos similares han manchado los últimos años del Gobierno.
Agencias EFE y DPA


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