Bienal de San Pablo exhibió valiosas afinidades afectivas

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Despojada del agobio político de otros años, hubo más lugar para manifestaciones que resaltaron lo atemporal del arte.

San Pablo - Gabriel Pérez Barreiro es el curador de la 33ª Bienal de San Pablo, titulada "Afinidades afectivas". Al recorrer los 25.000 m² del edificio de Oscar Niemeyer, donde se encuentran 600 obras pertenecientes a 100 artistas, se encuentra un conjunto heterogéneo cuya temática es la no temática, y que a diferencia de otras bienales, se destaca por su despojamiento.

Hay mucho espacio entre las obras en núcleos de visiones poéticas y plásticas diferentes, una visión fragmentada cuyo propósito, en palabras de Pérez Barreiro, "es crear una polifonía de experiencias".

Al ingresar en la planta baja se destaca una acumulación de 2.000 hongos de arcilla de diferentes tamaños realizados por alumnos de escuelas de San Pablo convocados por el artista-curador español Antonio Ballester Moreno, autor de los paneles de carácter geométrico que refieren a la naturaleza situados contra los vidrios que dan al Parque Ibirapuera. Su proyecto "Sentido común" incluye esculturas clásicas, cabezas y cuerpos femeninos de su abuelo, y obras de carácter pedagógico e histórico como el conjunto de la Escuela de Vallecas, un movimiento vanguardista español de los años 30 así como las de Friedrich Fröbel (1782-1852), educador y filósofo alemán.

Al subir la rampa se encuentra la obra personal de la brasileña Sofía Borges, otra de las artistas-curadoras convocadas cuyo proyecto se titula "La historia infinita de las cosas o el final de la tragedia de uno". Son potentes fotografías de cuerpos pintados, relacionadas con la cultura guaraní según se desprende de su extensa conversación con el crítico Ticio Escobar en uno de los fascículos del catálogo. Borges eligió alrededor de 18 artistas, entre ellos Tunga, brasileño fallecido en 2016; Leda Catunga (Brasil), Sarah Lucas (EE.UU.), una mezcla laberíntica y excesiva de imágenes que contrastan con los cortinados de terciopelo de talante kitsch.

En el entrepiso está la obra del argentino Alejandro Corujeira, que vive desde hace muchos años en Madrid. Un laberinto de madera, una escultura yacente que sigue la sinuosidad del espacio y las delicadas transparencias de su obra geométrica en tinta y acuarela se constituye en un espacio que invita a demorarse. Claudia Fontes vive en Londres y representó a la Argentina en la Bienal de Venecia 2017. Creó para el espacio un poético trabajo: una gran vitrina forrada de azul en la que, a manera de restos arqueológicos, hay 5.500 fragmentos de porcelana envueltos en una gasa blanca, cada uno de ellos con una etiqueta que reproduce frases del libro del mismo título, una suerte de thriller con un epígrafe de Clarice Lispector "Había una vez un pájaro, Dios mío!".

Entre las obras convocadas por Fontes como artista-curadora se destaca la instalación "Sol oculto", del escultor lituano Zilvinas Landzbergas, así como "Ex situ", del argentino Sebastián Castagna, que vive en Londres desde los 90: una instalación sonora de 10 canales. En el suelo se proyecta una forma ovalada y otra imagen flota en el espacio en forma de luna. El ojo y el oído tienen que adaptarse en esta cámara oscura, situación por momentos intimidante.

"Comencé a percibir a las piedras como seres humanos. Si te sientas frente a una piedra, te contará su historia". Una instalación que ocupa un inmenso espacio del tercer piso, formas humanas como vigías, un lecho de piedras que revela diferentes estadios de la materia, entre ellos el lujoso cuarzo, obra de Denise Milan (San Pablo, 1954). Aquí nos encontramos con importantes artistas: Sirón Franco (Goaina, Brasil, 1947), cuya serie Rua 57 fue un homenaje del artista a las víctimas de un desastre similar al de Chernobyl acaecido en Goiana en 1987.

El célebre artista Waltercio Caldas (Río de Janeiro, 1946) con sus obras de carácter conceptual y minimalista que se destacan por su pureza, equilibrio, transparencia, limpidez de las formas, convocó a un número de artistas de vasta trayectoria, entre ellos, Anthony Caro, Armando Reverón, Gego, Vicente do Rego Monteiro, Bruce Nauman, José Resende, Tunga, en lo que constituye un conjunto de altísimo nivel. Entre los elegidos por Pérez Barreiro hay tres homenajes a artistas fallecidos. Lucía Nogueira, artista conceptual (Brasil, 1950 - Londres, 1998), Feliciano Centurión (Paraguay, 1962 - Buenos Aires, 1996) y el guatemalteco Aníbal López (1964-2014), un pionero del arte político en formato performance.

Una bienal diferente que invita a una lectura lenta, y al visitante a convertirse en un observador activo; despojada del agobio político de otras bienales y en la que en los espacios de descanso hay lecturas poéticas como el ensayo sobre la música de Blaise Cendrars, los poemas de Rafael Sanchez y Mateos Paniagua, y hasta algunos textos de los artistas convocados.

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